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De política y cosas peores

Purismos

Catón

Miércoles, 19 Septiembre 2012

Declaró una señora: “Mi esposo es un tesoro”. “¿De veras?” -se interesó alguien. “Sí -masculló la señora-. Debería estar enterrado”... Babalucas fue a cazar patos a la laguna. Le dijeron que para esa cacería necesitaba un perro. Volvió al caer la tarde.
“¿Cuántos cazaste?” -le preguntaron. Respondió el tonto roque: “Ninguno”.
“¿Cómo ninguno? -se sorprendieron todos-. ¡Había muchos!”. “Sí -concedió Babalucas-.
Pero volaban muy alto, y aunque aventaba el perro con todos mis fuerzas nunca pude hacerlo llegar hasta ellos”... El buen Jesús defendió a la mujer adúltera. Dijo a los que la perseguían: “El que esté libre culpa que tire la primera piedra”.
De entre la multitud salió un pedrusco que le rompió la crisma a la mujer. El Señor miró con severidad al hombre que había lanzado aquel certero proyectil y le pregunta: “¿Acaso tú estás libre de culpa?”.
“No, Señor -respondió el individuo-. Pero esa desgraciada vieja es mi mujer, y estoy muy encaboronado”... El pequeño niño salió con su papá en el automóvil.
Al regresar contómuy orgulloso: “Mi papi me iba diciendo la marca de todos los coches que nos rebasaban”.
“¿De veras, hijito? -sonrió la mamá-. ¿Y de qué marca eran esos coches?”.
Responde el pequeñín: “Eran un Imbécil y como cuarenta Pendejos”... Himenia Camafría, madura señorita soltera, iba por un oscuro callejón cuando un torvo sujeto le salió al paso de repente. La hizo rodar por tierra y sació en ella sus brutales instintos de lujuria.
Terminado el torpe ataque el barbaján le arrebató el bolso a la señorita Himenia y escapó a todo correr. Ella se puso en pie rápidamente; persiguió al individuo, lo alcanzó y cayó sobre él con una lluvia de golpes y patadas que derribaron por tierra al vil maleante y lo dejaron tundido y lacerado.
La señorita Himenia siguió dándole puntapiés al tiempo que le decía hecha una furia: “¡Amor todo el que quieras, desgraciado, pero dinero, nada!’’... Llegó a la granja avícola un nuevo gallo traído de un rancho.
De inmediato una gallinita le advirtió a otra más joven que ella: “No vayas a dejarte pisar por ese gallo”. “¿Por qué no? -preguntó ésta-. Es de rancho; se ve muy fuerte y guapo”.
“Es cierto -reconoció la gallina-. ¿Pero acaso te gustaría poner huevos rancheros?”... Mercuriano, el mensajero de la oficina, muchacho adolescente con acné y lentes de fondo de botella, le dijo al nuevo empleado: “La señorita Rosibel, secretaria de don Algón, es la chica más guapa de la compañía. Desgraciadamente nunca la he podido admirar bien’’.
“¿No vas a su oficina?’’ –preguntó el otro. “Sí voy -respondió Mercuriano-. Pero al verla genero tanto calor que se me empañan los lentes”… A veces los purismos no son tan puros.
He sabido de la creación en la Ciudad de México de una escuela para mariachis. Estará en Garibaldi –en ningún otro sitio podría estar-, y en esa institución, la primera en su género en el país, los estudiantes adquirirán una formación profesional que los capacitará para ser músicos de calidad en esos conjuntos a los que la Unesco dio el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.
La buena noticia es, entonces, la creación de esa escuela. La no tan buena es que al parecer los estudios tenderán únicamente a formar ejecutantes para el mariachi considerado tradicional, en el cual se tocan solamente violines, guitarras, vihuelas, guitarrones y arpas, con exclusión de las trompetas, cuyo empleo se juzga “comercial”.
Es encomiable conservar las raíces de las cosas, pero para el común de la gente –no para los eruditos- el mariachi ya no se puede concebir sin esa sonora añadidura, la de las trompetas, que tanta alegría, tanta expresividad y tanta fuerza dan a nuestra música.
Enséñese en esa escuela cómo era antes el mariachi –era-, pero no se excluya de la formación de los jóvenes el mariachi que, aunque sea moderno, es también ya tradicional.
Eso limitaría sus posibilidades de desarrollo profesional, y los haría estudiantes de de una arqueología musical ciertamente valiosa, pero que no debe excluir el tipo de mariachi al que la gente se ha acostumbrado ya no sólo en México, sino en el mundo.
Lo dicho: a veces los purismos no son tan puros. Valoremos el pasado, pero que eso no nos lleve a cerrar los ojos al presente ni a dar la espalda al futuro. (Asoma el pluscuamperfecto y dice: “¿A mí tampoco me toman en cuenta?”. Lo dicho: a veces los purismos no son tan puros. FIN.

 

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