En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompetas, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.


Comentario de Luis Germán Alpuche San Miguel,

del Oratorio de San Felipe Neri.

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Muchos de nuestros problemas son causados por nuestros errores y pecados, actitudes que no solo lastimaron muchas veces a los que convivieron con nosotros sino que además ha lastimado profundamente nuestra relación con nosotros mismos.

Hoy iniciamos este tiempo de penitencia y reconciliación con nosotros mismos, con los demás y con el creador de nuestra existencia: Dios.

Con el signo penitencial de recibir la Ceniza expresamos ante Dios el reconocimiento de nuestros pecados y debilidades, pero al mismo tiempo la disposición interior de volver hacia él el corazón, luchando contra todo aquello que no es grato a sus ojos.

Sabemos que solos no podemos transformar nuestra vida y nuestras actitudes, por ello recurrimos a él para que a través de este tiempo cuaresmal que hoy inicia, nos ayude a caminar en su presencia, por ello nos entregamos con mayor intensidad a la oración, el ayuno y la limosna.