Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11:29-30,32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.

Palabra del Señor.


Hoy hay un clamor fuerte de Jesús, pues reconoce que mucha gente lo busca por milagros, pero no están dispuestos a acoger su predicación en la que llama a los hombres a convertirse, a apartarse de los caminos que lo conducen a su perdición, a abandonar el pecado.

La perversión del hombre es servirse de los divino para seguir alimentando su egoísmo que tarde o temprano le destruirá y hará mucho daño a mucha gente. Es por ello que frecuentemente se encuentran manifestaciones religiosas en santuarios, concentraciones masivas religiosas, pseudoprofetas, que aprovechándose de la “perversión” de que habla Jesús, apartan a la gente de Dios mismo, no les permiten entrar en su proyecto divino de salvación sino que los orillan a alejarse de la Cruz de su vida.

Jesús te invita con fuerza a escuchar su predicación en la Iglesia, a convertir tu corazón, es decir a estar dispuesto a dejarte guiar por Dios no por tus criterios, a dejar que el Espíritu Santo te ayude a renunciar a la venganza, al odio, al alcohol, a la pereza y al egoísmo.

Lo importante no es conseguir de Dios “milagritos” sino dejar que conduzca nuestra vida por su voluntad.



Germán Alpuche San Miguel

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