Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 10:25-28

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?”. El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.

Palabra del Señor.


Todos buscan la felicidad, cada uno en lugares distintos, algunos en proyectos de trabajo, otros en los hijos y nietos, otros en alcanzar un título profesional, otros en comprar un carro, algunos más en tener su casa propia y no tener que estar rentando. Todos corren tras la felicidad, buscando una felicidad que no llegue a acabarse.

Dios, quien nos ha creado y conoce lo que necesitamos, nos dice qué es lo que necesitamos para ser felices y sentirnos plenamente realizados, él nos conoce mejor que nosotros mismos porque él nos creó.

Dios te creó por eso te revela el gran camino para la felicidad: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”.

Este mandato es la clave para la felicidad, en la medida que apoyes tu corazón, tu alma, tus fuerzas, tus bienes, tus sueños, en Dios, en esa medida empezarás a experimentar la felicidad. Hemos sido creados para servir, conocer y amar a Dios, en él se encuentra nuestra felicidad. Cuando los hombres aman otra cosa o persona que no sea Dios, apartándose de él, empiezan a sentir ansiedad, vacío interior, frustración, porque fuimos creados para amar y experimentar su presencia amorosa.

Si experimentas tristeza profunda, vacío, sin sentido a lo que haces es que no tienen a Jesús como Señor en tu vida. Dios te conoce y sabe lo que necesitas.



Germán Alpuche San Miguel

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