Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 21:33-41

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo”.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: “A mi hijo lo respetarán”. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ”Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia“. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora, díganme: “cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?”. Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y alquilará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.

Palabra del Señor.


Dios nos ha dado un viñedo plantado por él, es tu vida, la cual fue adornada con una familia, estudios, capacidades, talentos, puso los medios para que crecieras, puso a tu servicio la Iglesia para que te cuidara y te alimentara con el pan de la Palabra y la Eucaristía. Te doto de inteligencia y muchos medios para dar frutos, que a su tiempo ha esperado recoger.

Es por eso que envía a sus criados a recoger los frutos de amor, misericordia, servicio, comprensión, humildad. Estos criados unos son tus hijos que esperan que les escuches y atiendas, otro es tu esposo(a) que espera comprensión y ternura, otro es un familiar que espera tu consejo, o alguna persona que ha caído en una desgracia y espera tu ayuda.

¿Qué frutos han recogido los criados de Dios de tu parte? ¿Los has despreciado por tu egoísmo?. Recuerda que la vida y todo lo que conlleva no es tuya, tienes que entregar frutos y no desperdiciarla, de todo has de entregar su parte al dueño de la vida: Dios mismo.


GERMÁN ALPUCHE SAN MIGUEL

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