Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 16:24-27


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida‘ ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?.

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.


Palabra del Señor.


El seguimiento de Cristo exige un seguimiento interior, es el estado del alma dispuesta para sufrir la pasión, así se llega a ser verdadero discípulo. Una de las condiciones que da Jesús es ”tomar la propia cruz“, esta expresión indica que se está dispuesto a morir por su fe, por sus valores religiosos.

En aquel tiempo el condenado tenía que llevar su cruz hasta el sitio de su ejecución. El que coge el madero y lo pone sobre sus hombros, ha aceptado su destino. Aquí el tono principal está en la ”decisión“, en la acción resuelta de coger el madero, es decir, la voluntad de Dios.

Tomar la cruz hace referencia a la firme voluntad y resolución de renunciar a sí mismo y desasirse de sí, posiblemente -si tal fuera la voluntad de Dios- hasta la muerte real, hasta la renuncia de la vida corporal. ¡Qué norma para seguir a Jesús¡.

El cristianismo es una manera de vivir radical, siguiendo los mandatos de Dios hasta el extremo, tiene una sabiduría oculta al común porque brota de una acción del Espíritu Santo en los cristianos. Por eso no ha de extrañarnos cuando la gente se escandalice de los caminos de Dios, un ejemplo aparece en nuestros días ante la defensa de los auténticos cristianos de la vida en oposición a quienes promueven la muerte de seres inocentes que no han nacido y no se pueden defender (aborto). El seguimiento de Jesús implica perder la vida y la fama por los valores del Reino y la Vida.




Germán Alpuche San Miguel

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