Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24:35-42


Cuando los discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?. Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen algo de comer?”. Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Palabra del Señor.


Germán Alpuche San Miguel,

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La Resurrección de Jesucristo es un acontecimiento histórico excepcional en la historia de la humanidad. Esta resurrección, contrario a lo que muchos creen, no es algo simplemente espiritual, sino que también es corporal. La Resurrección de Cristo abre a los hombres en la esperanza de que si la muerte física ha sido vencida en Cristo, también nosotros sujetos a la temporalidad un día resucitaremos con Cristo.

La resurrección de la carne es una hecho inaudito que Jesús nos revela, por ello subraya que se le toque, que se miren sus manos y sus pies, incluso pide de comer, para mostrarnos que es también la carne la que resucita.

Si Cristo ha resucitado nos podemos alegrar porque también nosotros participaremos un día de esta resurrección gloriosa junto con todos aquellos hermanos que han experimentado la muerte física, como tránsito en espera de la resurrección definitiva.

La muerte física no es la última palabra sobre el destino de los hombres, sino que ese anhelo de trascendencia que late en el corazón de todo hombre, tendrá su realización el día en que Cristo nos resucite.


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