Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 8:34-9,1


En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida?. ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?. Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria del padre, entre los santos ángeles”.

Y añadió: “Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder”.


Palabra del Señor.

¿Deseas en verdad seguir a Jesucristo? ¿Sabes lo que ello implica? ¿Crees conocer la fe cristiana?. Un fenómeno interesante en nuestra sociedad mexicana es el hecho que todo mundo se dice cristiano, porque tiene algunas prácticas de culto y devoción aprendidas de un predicador, catequista o familiar; sin embargo, muchas de esas prácticas no corresponden a la auténtica vivencia de la fe o deberían quedar en un plano secundario ante lo que sí es fundamental: el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

Hoy la Palabra invita a renunciar “a sí mismo”, es decir, estar dispuesto a renunciar a gustos o proyectos personales para poner en primer lugar a Dios y su voluntad, estar dispuesto a apartarse de aquella persona que te separa de Dios aunque se aprecien mucho, dispuesto a perder dinero, comodidad y aparentemente “estabilidad emocional” por entrar en la voluntad de Dios.

Como segunda condición Jesús invita a cargar con la propia Cruz, no se refiere a un símbolo, sino a una Cruz real, concreta de tu vida que muchas veces te lastima y se te hace pesada, que te invita a huir de la realidad familiar que es difícil, no tener paciencia ante la soledad o la incomprensión de quienes te rodean, el sentirse limitado frecuentemente en las capacidades físicas o intelectuales. Es en la Cruz donde Dios ha querido esperarte para que lo sigas.


GERMÁN ALPUCHE SAN MIGUEL

« EL EVANGELIO DE HOY »

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