José Luis Spíndola S.


Durante mucho tiempo, sostuve la idea de que el ser humano, seguirá siendo, literalmente humano, en tanto no pierda su capacidad de asombro.

El asombro es parte connatural desde que se es niño, pero conforme pasa el tiempo, aquello que en principio acaparó su atención, al convertirse en lo cotidiano, va formando parte de sus vivencias, de su experiencia y con la carga genética que posee, va conformando su personalidad, misma que se fortalece (para bien o para mal) en la medida que transcurre su vida.

Y es en la conformación de la personalidad cuando los valores son el basamento fundamental del Desarrollo Humano, que con el ejemplo de padres, maestros y adultos bien intencionados, podrán formar un individuo acorde a una sociedad en la que la convivencia armónica será el ideal de una comunidad civilizada.

Sin embargo, y retomando la idea de “la pérdida de la capacidad de asombro”, me aflige pensar que en estos días que nos ha tocado vivir, en medio de un clima de inseguridad, de crímenes, secuestros, violaciones y un sinfín de vejaciones, así como los comprobados casos de corrupción, las fallas en la aplicación de la justicia y en muchas otras, en la fabricación de “chivos expiatorios” y que desafortunadamente nos enteramos día tras día en un bombardeo incesante por los diversos medios de comunicación e ilustrados profusamente, se esté perdiendo esa capacidad de asombro.

En estos días, ya es muy común escuchar: ¿y ahora cuántos muertos hubo?, “hoy aparecieron otros cuerpos encostalados”, “el funcionario X de muy alto nivel fue sorprendido después de muchos años de defraudar al erario o bien abusando de los más débiles”.

Estas vienen siendo las noticias que recibimos cada día, las que hacen que una gran mayoría festine y las convierta en mofa a través de los famosos “memes” que con una increíble rapidez surcan el espacio y se convierten,(como ahora se dice), en virales.

Cito textualmente a la Embajadora de Buena Voluntad de la Cultura de la Paz, la Sra. Rigoberta Menchú , Premio Nobel de la Paz, cuando invitó a los hombres y mujeres del planeta a compartir un código de ética para un Milenio de Paz, reclamando que:

“No habrá paz si no hay justicia.

No habrá justicia si no hay equidad,

No habrá equidad si no hay desarrollo,

No habrá desarrollo si no hay democracia,

No habrá democracia si no hay respeto por la identidad y la dignidad de los pueblos y las culturas”

Final de la cita.

Si analizamos el anterior planteamiento, podemos comprender que gran parte de los sucesos que en nuestro país y en muchos otros del mundo entero se están dando, son originados por esa gran pérdida de los valores, (lo que prefiero llamar esa re etiquetación de los valores) ya que hemos convertido a lo digno de cultivar, como la armonía, el trabajo comunitario, la búsqueda del bien común, el amor a nuestra familia, la convivencia sana y constructiva, el cuidado a la naturaleza, el cuidado y conservación de nuestra ciudad, nuestras buenas costumbres, el amor al arte y la cultura en todas sus manifestaciones, etc.

Todo ello de suyo valioso, lo hemos transformado en desechable y sin embargo, mucha gente está dispuesta a realizar lo indecible con tal de asistir a un evento del artista de moda, o la adquisición de bienes superfluos porque son los que están usando nuestros vecinos y ¿cómo es posible que él si lo tenga y nosotros no?

Los valores están ahí, en espera de que sean asumidos por nosotros….sin embargo, eso no se da sin realizar un esfuerzo que implica un análisis profundo de nuestra conducta y una visión que nos lleve a comprender, que de seguir así, estaremos perdiendo lo que nuestros antecesores nos legaron.

Es el tiempo de la reflexión, es el tiempo de percatarnos que no podemos ni debemos continuar con las conductas negativas, es el tiempo de enderezar el rumbo y para ello, no pretendamos cambiar a la sociedad en su totalidad, pues esa sería una tarea titánica e imposible.

Bastará con que cada uno de nosotros empiece su propio cambio, predique con el ejemplo y poco a poco otras personas irán participando hasta que, con el paso del tiempo, volvamos a la normalidad.

Padres de familia, Ustedes deben ser los principales forjadores de ese cambio, dediquen más tiempo a estar y convivir con sus hijos, sean los líderes de su familia e involucrense en la educación de sus hijos, convivan con sus maestros y juntos estaremos en la senda del buen vivir.