México.-Cuando la audiencia entra el teatro, las luces bajan y el telón se abre, el coreógrafo israelí Rami Be'er tiende una cuerda al espectador: para tirar de ella y apelar a sus emociones y raciocinio. Eso es la danza: la posibilidad de comunicar.

"Y quizá al final del viaje, cuando las luces se encienden y la función llega a su fin, el público pueda salir del teatro distinto de como entró. Quizá haciéndose preguntas acerca de su existencia, de sí mismo", responde el coreógrafo, en una butaca de la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

Cabeza desde 1996 de la Kibbutz Contemporary Dance Company, Be'er presenta aquí Horses in the sky, una pieza estrenada en la Ópera de Sidney, cuyo título tomó del álbum homónimo de la banda canadiense Silver Mt. Zion.

Una pieza sin intermedios. Que tiene que ver con el aquí y el ahora. Diecinueve bailarines en escena. Le gusta la variedad. Aquí no todos tienen que ser delgados ni de cierta altura.

"Para mí es importante que sean humanos, que se muevan de una manera natural, que sean musicales, con una alta coordinación porque el bailarín participa en el proceso creativo, en el sentido de improvisación. En algunas partes, muestro y me copian. En otras, bajo mi guía, desarrollan su propia voz", explica.

Sus piezas no cuentan una historia. No son narrativas.

"Pero lidian con la existencia como seres humanos, como individuos, como pareja, con la sociedad. El individuo frente a la sociedad", añade.

A través de Yehudit Arnon, fundadora de la compañía en 1973 en un kibbutz al norte de Israel, Be'er descubrió el movimiento y el mundo de la danza. Creció en un hogar rodeado de cultura, su famila llegó de Hungría después de la Segunda Guerra Mundial. Su padre era arquitecto y violinista y dio elegir a sus cuatro hijos, a temprana edad, la opción de aprender un instrumento. Él optó por el violonchelo. Tocaban en familia música de cámara. Su madre provenía de una familia de editores y Be'er recuerda su casa plagada de libros de arquitectura, poesía, pintura...

Su visión procede de todas esas fuentes y de la necesidad de movimiento, de una manera intuitiva.

"La música es una fuerte fuente de inspiración. Cuando escucho música, veo imágenes y movimiento. En el estudio, traduzco ese impacto en el lenguaje del movimiento y lo llevo al escenario", añade.

Una visión total. Be'eer no solo se hace cargo de la escenografía sino también de las luces, el vestuario y el texto.

"Todo crea una unidad que está al servicio de lo que quiero expresar", afirma.

La Kibbutz Contemporary Dance Company se presenta este jueves 19, a las 20:00 horas, y el domingo 22 de octubre, a las 13:00 horas.

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