Ciudad de México.- Ser fan de Roger Waters o saberse la discografía entera de Pink Floyd no fue tan importante como el hecho de sacudirse las clases sociales, la edad y el color de piel para que alrededor de 170 mil personas, según cifra dada por las autoridades, disfrutaran anoche del concierto gratuito que el británico ofreció en el Zócalo.

Horas de espera, filas interminables, un sol penetrante durante la tarde, tumultos y hasta una lluvia intermitente por la noche. Todo este esfuerzo fue recompensado por Waters al aparecer en escena a las 20:00 horas en punto.

"Speak to Me", "Time", "Money" y "Set he Controls for the Heart of the Sun", disiparon cualquier rastro de cansancio e invitaron a los mexicanos a entrar a una dimensión sonora donde sus problemas se encapsulaban en el pasado.

Las notas rabiosas ofrecidas por Waters y su banda lo mismo hicieron sollozar, desgañitar gargantas y despejar la mente de los presentes.

Los fieles seguidores de Pink Floyd, con la emoción a flor de piel, contagiaron a los curiosos que nunca lo habían escuchado y que se dejaron seducir por su música.

Niños embelesados con los visuales proyectados en la enorme pantalla de 90 metros de largo por 26 de alto; jóvenes amantes del rock mezclando hormonas y embriaguez en apasionados besos, y adultos recordando épocas pasadas con sus mejores atuendos y actitud rebelde. Todos formaban una familia en masa.

El éxtasis de la gente por tener a una leyenda musical frente a ellos, se vio nutrido por el humo de mariguana, así como por alcohol metido de contrabando al Zócalo en bolsas, latas, cilindros y hasta ánforas.

Waters contagió al público en rolas como "Us and Them", "Welcome to the Machine" y "Fearless", donde proyectó imágenes de pancartas de protestas y mítines sociales en todo el mundo.

"Si no estás enojado es que no estás poniendo atención", fue el mensaje claro que, con un par de manos a punto de entrelazarse y con banderas de Palestina de fondo, dejo en claro la necesidad de paz en el mundo.

La transformación del escenario en la portada del disco Animals (1977), con cuatro chimeneas gigantes imponiéndose frente a la Catedral, o los rayos lasers dibujando el arcoiris de The Dark Side of The Moon (1973), dejaron con la boca abierta a la audiencia.

Un show como el que Waters ofreció a lo largo de dos horas y media, exigía un final explosivo: un discurso en español en contra de Enrique Peña Nieto y una lluvia de fuegos pirotécnicos, los cuales culminaron una velada irrepetible al ritmo de "Comfortably Numb".

"Gracias, ¡viva México, cabrones!", gritó el británico en español para después abandonar el escenario a las 22:34 horas.

Agencia Reforma