Con los primeros versos de la famosa canción interpretada por Ichiro Mizuki -”En el cielo se levanta un castillo de acero negro. ¡El súper robot Mazinger Z!”- arrancaba el 3 de diciembre de 1972 el primer capítulo emitido por Fuji TV de esta serie que cambió la manera de concebir los robots en los productos de ciencia ficción.

Menos de un año después, raro era el niño en Japón que no se plantara frente al televisor cada domingo a las 19:00 horas para disfrutar de una nueva entrega de las aventuras basadas en el manga que meses antes había comenzado a publicar el genial historietista Go Nagai.

Lo mismo sucedió años después cuando comenzó a ser retransmitida en España, Chile, Paraguay, Venezuela o México.

Uno de los elementos que más cautivó a niños y no tan niños fue que en esta serie sobre enormes criaturas mecánicas y malvados que pretenden dominar el mundo, el piloto de Mazinger, Koji Kabuto, debía tripular un aerodeslizador y acoplarlo sobre la cabeza del robot para dirigirlo desde ahí como si se tratase de su cerebro.

“Tetsujin 28” (“Ironman 28”) y “Tetsuwan atomu” (“Astroboy”), las dos grandes sagas de robots que se habían producido en Japón hasta entonces y de las que Go Nagai era fiel seguidor, versaban, respectivamente, sobre un androide teledirigido y un autómata con aspecto y comportamiento de niño.

Por eso la mayoría de estudiosos del manga, la animación o la ciencia ficción consideran “Mazinger Z” como la primera narración que imaginó con éxito un robot tripulado que crea una simbiosis con su piloto como si ambos fueran un solo ser, y que además necesita que se le acople otro vehículo para ser activado.

Son los mismos que defienden su influencia en alabados animes posteriores del género “mecha” (del inglés “mechanical”) como “Mobile suit Gundam” o “Neon genesis evangelion”, o también que sin Mazinger los “Transformers” no serían lo mismo y nunca se habrían concebido las series japonesas que dieron lugar a “Power Rangers”.

Los japoneses tuvieron la suerte de poder ver íntegros entre 1972 y 1974 los 92 capítulos de la serie, que luego dio lugar a secuelas, “spin-offs” y películas, a diferencia de los espectadores de España o Chile, países donde fue censurada y después suprimida por sus contenidos, considerados violentos e inapropiados para la época.

El hecho de que pasaran casi dos décadas sin que sus seguidores en estos países pudieran conocer el desenlace de la serie contribuyó aún más a que allí se convirtiera en una producción de culto y a que muchos adultos se emocionen hoy día al escuchar el “¡Puños fuera!” que pronunciaba Koji en casi todos los episodios.


EFE