Juan Carlos, de 21 años, dejó su país, El Salvador por la situación de violencia y pobreza extrema que vive.

Dejó a su madre y su hermana, por quien decidió salir para llegar a California, conseguir un empleo y mandarle dinero, pues desea que su tenga la oportunidad de estudiar y forjarse un mejor futuro.

En El Salvador trabajó como albañil, las jornadas son arduas y la paga poca, insuficiente para vivir; con lo que ganaba ayudaba a su mamá.

El trayecto ha sido pesado, pero dice que vale la pena, pues al llegar a la frontera buscará trabajo para juntar y pagar un pollero que los pueda cruzar a Los Ángeles.

Se unió a la caravana, dice, porque considerar que es más seguro viajar en grupo que hacerlo solo, sin embargo, el miedo siempre está latente.



Jessica Ignot

El Mundo de Orizaba