Panamá.- Poder celebrar la ampliación del Canal de Panamá es para muchos panameños vivir un hito de sus antepasados, los que hace 102 años vieron el primer tránsito por la vía interoceánica, por eso salieron hoy a bailar, que es como mejor saben expresarse.

La tarde de este 26 de junio, cuando el portacontenedores chino Cosco Shipping Panama ya había iniciado su paso inaugural por el tercer juego de esclusas, Héctor Osorio se puso una camisa con la frase, "Panamá está de moda", para festejar en la Cinta Costera de la capital panameña que el canal de su patria está a la altura del mundo.

"Cuando pasó a manos panameñas, nadie pensaba que Panamá podía sostener el Canal, y hemos demostrado que se puede sostener y se puede ampliar. Eso nos hace sentir bien como ciudadanos, nos hace entrar en la historia nuevamente", declara a Efe Osorio junto a su bebé y su mujer, una dominicana que ondeaba la bandera de Panamá.

Además, a diferencia de la vía abierta en 1914, "los panameños fueron los que trabajaron en la ampliación", que empleó a 36.000 nacionales de un total de 40.000 personas de 79 países, algo que aplaude Osorio, empleado de la estatal Universidad de Panamá desde hace 23 años.

En el paseo marítimo de la ciudad de Panamá, al menos un centenar personas respondieron al llamado de las orquestas y le pusieron sabor a la magna celebración, que tuvo sus focos principales en las esclusas de Agua Clara (Atlántico) y Cocolí (Pacífico), donde unas 20.000 disfrutaron del paso inaugural que imitó la hazaña del barco Ancón en 1914.

"Hace 102 años no tuvimos la oportunidad de estar ahí y hoy la tenemos", agradece Jorge Branda, un padre de familia que viajó desde la periferia oeste de la ciudad para "ser parte de la historia".

Al ritmo del reggae panameño (un estilo patrio del reguetón), Branda relata a Efe lo orgullosos que se sienten sus compatriotas "de ser el pueblo que va a servirle al mundo. Esto es un logro grandísimo", uno que él quería presenciar para luego contarle a su hijita, quien en sus brazos cargaba una banderita.

"Esta es una historia que comenzó con la bandera. Con la siembra de banderas panameñas en las áreas que Estados Unidos revirtió" tras la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977, asegura mientras muestra su pequeño pabellón como una evidencia de ese logro.

"Ojalá y Dios quiera los gobernantes reviertan las ganancias, que se vean, para así sentirnos orgullosos de la administración de ellos", añade, un clamor que se ha extendido en los últimos días, en conversaciones de supermercado y en las principales tertulias de los medios.

Pero cada día tiene su afán, y el de hoy es la justa celebración. Orquestas de salsa y ritmos tropicales, como la de la Policía Nacional, pusieron a bailar a las familias panameñas, algunas de las cuales viajaron hasta más de una hora para ver en pleno festejo el tránsito del Cosco Shipping Panama.

Edward, de 15 años, es uno de los que estuvo hora y media en carretera, con su primo y su hermano, con quienes viajó a la fiesta patria desde Pacora, una ciudad dormitorio del este.

"Nuestro Panamá, nuestro canal, siendo tan pequeño es algo tan importante (...) No tengo palabras para describirlo. Estábamos pegados a la televisora desde la mañana -cuando comenzó el paso inaugural- pero no nos podíamos aguantar las ganas de venir hasta acá", afirma.

Dos jóvenes españolas y una venezolana que se han hecho amigas en Panamá también esperaban frente a la tarima ver que el buque finalizara su tránsito, bandera panameña en mano.

"Ya que estamos en Panamá, hay que vivir el ambiente", declara a Efe la española Laura Álvarez, cuyo pensamiento compartían decenas de otros extranjeros presentes en el templete.

"Nuestro país es un crisol y nace desde ahí", asegura Marcos "Panamá" Labrador, un hombre que fue oficial de prensa de uno de los batallones del dictador Manuel Noriega y que hoy levantaba en alto su bandera aun cuando el resto de los bailarines descansaba los brazos.

"Los beneficios de la ampliación son para los panameños y los extranjeros. Los extranjeros son bienvenidos en Panamá, siempre que trabajen y no vengan a jugar vivo", advierte.

Las nuevas esclusas, que transportarán tres veces más carga que las antiguas, reivindican la "vocación" panameña de servicio al mundo, y el ensanche "amplía nuestros horizontes para poder servirle al mundo de una forma más especial", celebra el joven Edward, muy consciente de su contexto histórico, a pesar del ruido.

Hoy fue el día de los panameños, y "todo salió a la perfección, todo el mundo se comportó como debía haberse comportado", certifica Isora de Carmona, una septuagenaria vestida con los colores de la bandera, que a pesar de la caída del sol se quedó en medio de la multitud para bailar lo pequeño y lo grande de su país. EFE