La palabra advocación en su sentido más práctico quiere decir, “manera de llamar”, “forma o modo de decirle a ...” puede ser un templo, una imagen, o hasta un lugar, refiriéndonos a María es la manera cómo la llamamos, según el lugar donde se apareció, desde donde se le ora, o venera.

Antes que nada debemos precisar que, la Virgen es sólo una, María la Madre de Jesús, no hay ninguna otra y por lo tanto, no importa cómo le llamemos o donde la veneremos, de qué color sea o qué ropas la vistan, sólo es María, además no hay ni habrá nunca, una más milagrosa que otra, es nuestra intercesora, nuestra abogada, nuestra madre, y como ella actúa: como quien dice es nuestra “mejor palanca” y puesto que no es ella la que hace los milagros, si no es por ella por quien obtenemos la gracia de Dios.


¿Por qué esos cambios de nombre?

De siempre los humanos tenemos el sentido de propiedad, por tanto cada pueblo, cada país y cada comunidad quiere tener la “suya” y es así, que surgen las llamadas advocaciones, y si a eso aunamos, la identificación que hacemos con la fisonomía de María según su advocación, pues la hacemos semejante a nosotros. María en el momento del nacimiento de Jesús era una jovencísima mujer judía, por lo tanto sus rasgos serían los de esta raza, piel blanca con pelo de cualquier color y muy probablemente ojos claros, pero como no hay descripciones físicas de ella, eso es algo que nunca podremos saber, pero nos gusta hacerla como “nosotros” y así es que por todo el mundo la veremos con la piel clara u oscura, y el pelo de cualquier color y los ojos grandes, pequeños, rasgados, la veremos con el Niño, sin Él, sufriente , dolorosa, embarazada, gozosa, triunfante, etc., pero siempre con un “aire”, un parecido al pueblo que la venera. Todos los pueblos cristianos en el mundo tienen una advocación propia; así las imágenes de María en Europa, serán casi siempre de piel blanca, las americanas, morenas, y las orientales de ojos rasgados y hasta amarillentas!.

Cuando se reza la letanía del rosario, si nos fijamos, cada una de las expresiones representa a María, lo que le da el significado de advocación, ella es: la reina del Cielo, la madre del Salvador, la Puerta del Cielo, el refugio de los pecadores, el consuelo de los afligidos y así sucesivamente son todas formas de llamarla.

El pueblo mexicano sin duda alguna es un rendido devoto de María, casi siempre la de Guadalupe, pero hay también otras advocaciones muy veneradas, después de la Basílica de Guadalupe, le siguen en número de peregrinos los que visitan el Santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos, y en tercer lugar la más visitada es “La Generala” Virgen de Zapopan, menciono también otras ahora que está de moda como ir a visitar a la Virgen de Juquila, en Oaxaca, pero a donde curiosamente el mayor número de peregrinos que la venera proviene de Puebla y el centro de Veracruz, no de Oaxaca, donde en muchas partes es desconocida.

La patrona de Córdoba es María en su advocación de la Inmaculada Concepción, y sin duda la primera y más importante de todas las advocaciones; pero aquí también la veneramos en su bellísima imagen de la Soledad.

Quisiera por estar en las fechas de sus celebraciones, tocar dos puntos con respecto a Nuestra Virgen de Guadalupe, uno de ellos es que como muchos sabrán este nombre se repite, pues en España, existe también una virgen de Guadalupe diferente a la nuestra, es la patrona de la región de Cáceres, y ésta no es morena, es ¡negra!, es una talla de madera, que cuenta la leyenda o tradición que fue hallada en el lecho de un río y que por eso tomó ese color, tiene un gran monasterio muy hermoso al cual peregrinan una gran cantidad de fieles, y también se le celebra el 8 de Septiembre, al igual que todas las advocaciones Marianas que no tienen una fecha determinada.

Otro dato curioso es el de la Guerra de las Vírgenes que se dio durante la Guerra de Independencia, ya que cuando el cura Hidalgo a falta de más bandera tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe como pendón para guiar a sus tropas, los realistas nombraron inmediatamente a la Virgen de los Remedios Generala de las suyas, por lo que los insurgentes otorgaron el mismísimo cargo a la de Guadalupe, y fueron tales los extremos que tanto uno como otro bando llegaron a “fusilar” las imágenes de estas advocaciones si las encontraban en los lugares donde luchaban, pobre María, en qué aprietos la ponemos los humanos, pero no sólo en México, lo mismo sucedió en Colombia y en otras naciones durante sus guerras intestinas.

Yo en verdad lamento que ya casi ninguna niña o niño se llame Concepción o Guadalupe, y en cambio tengamos tantas Nancys, Yadiras, Jair, o Brayan o algunos nombres impronunciables que a las abuelas nos cuesta recordar, en lugar de las Conchitas, Lupitas y los José Marías o Chemas de siempre.

Sólo me queda recordar que el nombre de María siempre será: Santa María de... Guadalupe, del Carmen, de Fátima, etc., etc.




Adriana Balmori Aguirre


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