La palabra sucesión, con esto de la no reelección, ha tenido a través de los años un doble significado: suceder al antecesor y suceder en las traiciones.

En particular cuando en el Priato el Presidente de la República designaba por dedazo a su sucesor, los 2 principales enunciados de la revolución Mexicana fueron “Sufragio Efectivo -No Reelección-”, el primero se nos escamoteó por 70 años y el segundo si se cumplió, y cuando Obregón lo quiso pasar por alto fue asesinado.

El afán de poder hizo que la Presidencia de la Republica se disputara transitando de la violencia a la trampa.

Fueron asesinados por considerarlos un peligro para sus aspiraciones entre otros caudillos: Madero, Carranza, Obregón y más recientemente el candidato Colosio.

Robaron triunfos, de los que fueron despojados Vasconcelos, Almazán y más cercano Cuauhtémoc Cárdenas, que pagó indirectamente, lo que el “Tata Lázaro” había hecho al imponer a Ávila Camacho, claro perdedor ante Almazán.

Lo que aconteció después fue la apatía del electorado, ya no se asistió a votar, porque el candidato del PRI ganaba siempre, por las buenas o por las malas.

Lo irónico del caso es que la mayoría de las veces el sucesor al sentirse en la silla ya no obedecía a su padre político y por el contrario lo traicionaba culpándolo del estado del país, que cada sexenio empeoraba. Esto nos sigue pasando.

Casos concretos de traición: Lázaro Cárdenas que era considerado como hijo por Calles, una noche le mando federales que lo detuvieron para mandarlo al exilio a EE.UU.

Es justo señalar que Lázaro Cárdenas que había sufrido el acoso de Calles que quería seguir ordenando, él ya no intervino en futuras decisiones.

A Alemán lo traicionó Ruiz Cortines.

Luis Echeverría, que siendo parte activa en los acontecimientos de 1968 y del sangriento Jueves de Corpus, se desmarcó de los hechos, siempre tuvo a la mano a quien culpar, en especial a Díaz Ordaz.

Sabemos cómo terminaron la relación “de hermanos” entre Echeverría y López Portillo y la de Zedillo con Carlos Salinas, en plenas confrontaciones.

Empezó la alternancia con el triunfo de Fox y ya no se ha dependido del gran elector.

La serie de traiciones políticas, cuando se quiere seguir mandando es mucho mayor que las lealtades.

No creo en los héroes ni en los idealistas, estos nunca llegan como lo hacen los serviles que doblan la cerviz ante los poderosos y se ensañan con los que consideran débiles, son precisamente los que logran mayor trayectoria.

El digno, el idealista de cualquier tendencia no accede a superaciones notorias, son un estorbo.

El poder

Embriaga, se acostumbran a él y después se quieren perpetuar, es raro que lo logren.

Las elecciones

En las que se nos avecinan a Presidencias municipales, dentro de los Partidos existen enconadas pugnas por lograr la designación, en medio de denuestos y descalificaciones.

Tenemos que analizar cuáles son sus aspiraciones reales de los que se exponen a tantas ofensas, tantos desencuentros preñados de ira y sólo por amor al arte.

Debemos estar orgullosos del número tan grande de mexicanos dispuestos al sacrificio por el bien de su pueblo, la duda es si lo hacen como lo dice el Mandamiento de la Santa Madre Iglesia: por amar al prójimo más que a sí mismos.


Una voz en el desierto

Octavio Rodríguez Pasquel Bravo

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