En la ciudad, el elemento de mayor trascendencia es lo que hoy llamamos el espacio público, este es indispensable en toda infraestructura urbana porque ahí están representados los sitios que hacen vibrar a una comunidad, el parque, la plaza, los espacios deportivos, la calle y las zonas peatonales, esos espacios donde todos los días se construye la ciudadanía, son los lugares de encuentro, esparcimiento, recreación, deporte y paseo que nos permiten vivir y disfrutar la ciudad. Pero no todos tenemos el privilegio de vernos favorecidos con este tipo de regalos urbanos, ya que muchos asentamientos que hoy se han convertido en colonias o fraccionamientos fueron concebidos sin considerar el aprovechamiento adecuado de las áreas de donación y del equipamiento urbano. Es común que en un proyecto de lotificación de interés social, estas áreas que debieran ser aprovechadas con sentido comunitario, estén localizadas en laderas, junto a los arroyos o en la periferia del terreno, sin posibilidades de ser útiles. Incluso, algunas veces se da el caso que se venden como lotes.

Y así vamos encontrando lugares donde los jóvenes no tienen espacios para la recreación, no hay una cancha para practicar el deporte, no existen áreas para que jueguen los niños, mucho menos espacios con vegetación para el esparcimiento y disfrute de las familias. Situación que complica y lesiona los niveles de convivencia ciudadana y da pie a las conductas antisociales. Los espacios públicos son escenarios que favorecen a toda la comunidad, los niños encuentran un lugar para jugar libremente en un entorno seguro, los jóvenes realizan actividades deportivas que estimulan el trabajo en equipo y se promueve el respeto hacia los demás. Contar con espacios públicos adecuados da la oportunidad a las personas para que se conozcan, convivan, platiquen, se integren e intercambien puntos de vista sobre lo que requiere su comunidad, es una manera también de reforzar los lazos sociales, prevenir la inseguridad y evitar los actos delictivos, involucrar directamente a los habitantes genera el sentido de la propiedad, la gente participa, se siente corresponsable y por lo mismo, valora y se compromete a cuidar su entorno.

Cuando el espacio público se deteriora y se viene abajo, los ciudadanos con ingresos altos lo abandonan y se refugian en sus casas, en los clubes con sus amplios jardines, parques privados y centros comerciales, es el ciudadano común junto con su familia el que lo sufre y lo resiente.


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Por: Arq. Abel Colorado Sáinz 

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