Escribir de cultura es escribir sobre una cuestión compleja que buena parte de los gobiernos municipales no entienden. Confunden cultura con diversión del pueblo o con negocios vinculados a festivales. En un municipio específico la cultura deberá reflejarse en actividades que permitan la creatividad de los ciudadanos. Imponer “carteleras” es una forma autoritaria de aplastar la opinión pública en un contexto social concreto.

Así, por ejemplo, hay municipios dominados por partidos de derecha (PRIAN/PRD-MC-Verde- Panal-PES), que practican el ejercicio de una “cultura” a modo de no permitir la formación de una conciencia ciudadana, es decir la imponen como un distractor de asuntos, temas y problemas de la comunidad, como puede ser la elaboración del presupuesto público municipal en este mes de Octubre.

La mayoría de las veces, las “carteleras municipales” están llenas de programación enajenante, que no promueve el crecimiento humano de los ciudadanos. La cuestión de la cultura está articulada con la forma de entender la política municipal.

Así, la mayoría de los gobiernos solo promueven diversiones de baja calidad que no transforman entornos. Temen al teatro “crítico y alternativo”, a los conciertos de música joven (Rock, Jass, Bossa, latinoamericana), por temor a que generen convivencia social y conciencia crítica de las miserias de su municipalidad.

Otros promueven conciertillos de música de W. Disney, la Paca del barrio, Juanga. Es decir solo distractores que benefician a la clase dominante. Hay una lógica de no de empoderamiento comunitario. Los gobiernos municipales de “izquierda” que gobiernan en la región centro de Veracruz, a partir del primero de enero 2018, (unos 12, desde Río Blanco hasta Rafael Delgado y Huiloapan), deberán cambiar este enfoque.

Podrán trabajar el concepto de cultura en la dimensión que nos propone el libro del maestro Cesar Espinoza titulado: “La Perra Brava”, editado por UNAM/STUNAM, 2002, que lleva por subtítulo: Arte, crisis y políticas culturales. El libro coeditado con la Dra. Aracely Zuñiga ofrece un recuento y propuesta de lo que a su juicio, puede ser un enfoque de cultura alternativa (anticapitalista). Sería bueno que lo leyeran los próximos presidentes de municipios de izquierda, para dejar de ser improvisados en el tema.

No se vale, tampoco hacerle al cuento de una cultura de intelectuales, de grupillos cerrados y dogmáticos. Se trata de presentar la propuesta al pueblo.

En nuestros municipios hay que propiciar las condiciones de contexto para promover los poetas críticos, ensayistas, novelistas, cronistas, historiadores.

Hay que abrir, en el caso de Orizaba, la Casa de Cultura (comprar, por ejemplo, la casona del Gral. Ignacio de la Llave). Ahora que llegó el “nuevo” Ayuntamiento en la ciudad, con un presupuesto de 460 millones de pesos para gastar en un año, hay que exigir por medio de los colectivos de intelectuales y universitarios, hacer realidad este proyecto de compra de la casona que está frente a zapatería “tres caballos”.

El ayuntamiento debe destinar, a mi juicio, por lo menos el 10% del presupuesto anual municipal, para asuntos de cultura crítica y alternativa y otro 10 % para establecer el Instituto de la Mujer. Ya basta de mojigaterías y banalidades supuestamente culturales. Los ciudadanos tenemos derecho a una Casa de Cultura digna, con librería, cafetería, talleres creativos, obras de teatro de reflexión. Sabemos que esto solo se logrará con fuerte convencimiento a la ciudadanía y movilizaciones.

Ojalá los universitarios entendieran esta exigencia y se sumaran al proyecto de trabajo al respecto. La UV en la región deja mucho que desear en este aspecto, pues está ausente de todo compromiso cultural alternativo en esta región. Sabemos que la élite burguesa que gobierna los municipios, no entiende nada de lo que es cultura alternativa y de compromiso social. Son solo una élite de negocios, buscadores de dinero, pero nunca gobiernos con visión social y compromiso barrial y vecinal. ¿Hasta cuándo nos sacudiremos el yugo de la derecha en los municipios veracruzanos?

Finalmente debo ocuparme de los cronistas “oficiales” de la ciudad, que solo resaltan los hechos de los dominadores. Para ellos nunca ha existido un movimiento obrero, las crisis del sindicalismo oficial, el arte popular, las luchas vecinales de todos los días en barrios y colonias del municipio, la violencia contra mujeres, niños y ancianos, los universitarios, desaparecidos.

Son los “cronistas” hechos a modo del poder autoritario. Su actuar, depende en mucho, del nivel de exigencias ciudadana.. Si no elevamos el nivel de exigencia ciudadana, las cosas públicas no van a cambiar. Las políticas públicas culturales deben apuntar a la redistribución de la riqueza en el municipio y la generación de conciencia crítica ciudadana. Estas deben ser razones suficientes para sustentar la lucha política de izquierda en la región.


JESÚS VÍCTOR GARCÍA REYES

Lic. en Ciencias Políticas (UNAM/BUAP). Catedrático / Investigador.


Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz