El domingo 7 en la noche, quizá el lunes 8, la depresión habría arreciado en Javier Duarte, la enfermedad a la que el escritor William Styron llamaba “el viaje a la oscuridad”, tanto que Ernest Hemingway se pegó un tiro en la boca con una escopeta que usaba para matar leones en África.

Y el viaje sórdido y sombrío a la depre habría llegado a Duarte luego de que los suyos le informaron sobre el discurso político electoral en Veracruz.

Por ejemplo, José Antonio Meade, del PRI, dijo en la pasarela del WTC que “nos duele profundamente que Javier Duarte nos haya traicionado con la corrupción”.

Y si Meade queda Los Pinos, entonces, ninguna duda hay de que Duarte seguirá encarcelado, quizá en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México o en otro penal, pero refundido tras las rejas.

Ricardo Anaya, del PAN, PRD y MC, puso a Duarte en Xalapa como el símbolo de la peor corrupción política, no de Veracruz, sino del país.

Y si Anaya gana la presidencia de la república, caray, con más saña se irá contra Duarte para, digamos, reproducir en el siglo XXI la historia de Mario Villanueva, el exgobernador de Quintana Roo quien ya lleva dieciséis años preso.

Andrés Manuel López Obrador acusó, por el contrario a Meade y Anaya de “fresas y ñoños”, y con eso del perdón a los políticos corruptos y la amnistía a los carteles y carteles, sabría el Señor Todopoderoso si en un descuido Duarte sería perdonado.

Quizá Cuitláhuac García Jiménez, ganara o perdiera, sería su abogado defensor y gratuito.


Pepe Yunes enfrentó a Duarte

Hacia la mitad del sexenio anterior, Pepe Yunes Zorrilla, precandidato del PRI a la gubernatura, se deslindó de Duarte.

Lo hizo, claro, con mano suave y tersa, pero cien por ciento firme.

Fue cuando empezó a cabildear con resultados fondos federales para los presidentes municipales y productores y la secretaría de Hacienda y Crédito Público los entregó en forma directa en depósitos bancarios a los beneficiados.

Y como es natural, Duarte se encorajinó porque los deseaba manejar para aplicar la “Operación Licuadora”.

Después, se mantuvo lejos y entre más lejos mejor conservando su integridad.

Y si Pepe triunfa en las urnas el primero de julio y llega a la silla embrujada del palacio, ningún cabildeo haría ante el gobierno federal si Meade entra a Los Pinos para otorgar el perdón y la amnistía a Duarte.

Miguel Ángel Yunes Márquez, el precandidato del PAN, ha sido lacónico.

Duarte dejó Veracruz en la ruina moral, económica, social, educativa, de salud y de seguridad, y ni modo que si el primogénito del gobernador Yunes gana la elección lo perdone.

Por el contrario, lo seguirá refundiendo más y más.


Destino sombrío de Duarte

El (presunto) perdón a Duarte originaría la misma pasión encendida y desaforada, y con justa razón, de los padres de los 45 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos cuando Ángel Aguirre Rivero gobernaba Guerrero.

Entonces, debió renunciar.

Ahora, todo estaba listo para volverse candidato del llamado “Frente por México”, PAN, PRD y MC a una diputación federal.

Y los padres y los alumnos y los amigos y vecinos se lanzaron a la calle expresando su legítima inconformidad social, llena, además, y a estas alturas, de indignación crónica.

Y Ángel Aguirre fue sacrificado, porque si las elites políticas se hubieran encaprichado y lanzado padecían un terrible revés electoral en las urnas.

El presidente de la república que luego de Enrique Peña Nieto perdonara a Duarte se ganaría el menosprecio y el desprecio y el desdén del país.

Y por añadidura, hundiría a su partido político.


Los años perdidos

Pepe Yunes, Miguel Ángel Yunes junior y Cuitláhuac García están denunciando el Veracruz jodido.

Por ejemplo, el priista dijo que “la pobreza creció, persiste el desempleo, se padece una recesión económica y la violencia se multiplicó en Veracruz”.

En el mismo discurso coinciden el panista y el morenista.

Y los tres señalan como responsables a Javier Duarte.

El Yunes junior, además, a Fidel Herrera Beltrán.

Duarte y Fidel, gobernadores durante doce años consecutivos. “La Decena Trágica de Veracruz” le llama el politólogo Carlos Ernesto Ronzón Verónica. Los años perdidos.

Mejor dicho, dos sexenios en que el Coneval resumió la tragedia humanitaria asegurando que seis de cada 10 habitantes están atrapados y sin salida en la miseria, la pobreza y la jodidez, cierto, pero de igual manera en el desempleo, el subempleo, los pinches salarios de hambre, la baja calidad educativa, la pésima calidad de salud y la peor entre las peores inseguridad.

Y si tal fue la herencia de Duarte y de Fidel y quizá de Miguel Alemán Velasco y Patricio Chirinos (nomás para citar una referencia histórica), entonces, ni modo que gane quien gane la elección, el próximo gobernador sueñe con el perdón y la amnistía para Duarte.

Si así fuera, digamos, el asunto es federal, porque Duarte está preso acusado del presunto desvío de recursos federales.

Y ni Meade, Anaya ni AMLO lo liberarían.


Expediente 2018

LUIS VELÁZQUEZ


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