Ahora que está concluyendo el ciclo escolar mis alumnos me inquieren con ansiedad sobre las grandes incógnitas que representan la economía y la política para 2018 en nuestro país; en condiciones normales ambos temas serían sencillos de delinear, pero bajo el escenario que se aproxima será harto complicado de pronosticar. Sobre todo, porque el año que inicia es único como lo es siempre que nos toca en suerte vivir una sucesión presidencial. Por esa razón durante las cuatro entregas que haré llegar a usted este mes de diciembre intentaremos sacudir conciencias sobre variables que pudieran ser de alto riesgo o al menos fundamentales para su bolsillo pues 2018 será un año definitorio.

Personalmente no considero a la esfera política actual como un factor positivo para el crecimiento económico del país, al contrario, creo que el ejercicio político -sin generalizar- ha sido un lastre para que la economía mexicana crezca, lo he comentado muchas veces, por ello es que más bien prefiero mirar los acontecimientos políticos a la luz de lo que para la economía es importante y bajo esa luz lo que puedo decirle es que es fundamental que usted borre de su mente los rostros de los candidatos de su elección y revise los modelos de gobierno y economía que mejor convienen al ciudadano para que la economía crezca.

Es de todos conocido que los “aspirantes” presidenciales están ya encartados en la escena política nacional, de hecho algunos “destapes” presidenciales han estado marcados por prácticas anquilosadas y que parecen sugerir el regreso de esquemas del siglo pasado a un momento en el cual lo que se requiere no es demagogia ni discursos sino un enfrentamiento directo con los retos económicos tanto externos (Trump, dólar, TLCAN, etc.) como internos (corrupción, estado de derecho débil e inseguridad) ya que no puede ni debe haber prioridad más alta que la señalada en esos supuestos porque de la mano de la buena conducción de esas variables es como usted, yo y todos los lectores podremos tener en el bolsillo pesos que rindan, pesos que alcancen, pesos que no desaparezcan, pesos que no nos roben, pesos que sirvan para comida y no para pagar rescates, pesos que se conviertan en salud, alimentación e infraestructura.

La pregunta que bajo este contexto yo planteo es: ¿Qué candidato garantiza un proyecto que se fundamente en la libertad económica para el verdadero bien de los mexicanos? Y creo que debo partir por explicar algo que usted ya sabe, que vive diariamente pero que por alguna razón no lo ha puesto nombre: Libertad económica, apréndaselo, libertad económica. ¿Qué demonios es libertad económica? ¿Acaso significa no trabajar o no necesitar el dinero? ¡No! Libertad económica es un concepto que, aunque el más social de los comunistas lo niegue es el que rige la dinámica mundial del progreso, pero, por otro lado, aunque el más liberal de los capitalistas lo asegure: No existe en México y por ello estamos lejos de poder decir que “no funciona” dado que ni siquiera esta implementado en nuestro país. Así que es finalmente se convierte en una buena posibilidad de alcanzar el progreso en medio del fango político que sólo ofrece vuelta al pasado de unos y de otros.

El progreso económico -cuando se ha dado y donde se ha dado- está relacionado íntimamente con la capacidad de prosperar a través del libre ejercicio de la actividad económica, del prescindir de la posibilidad de vivir de un empleo y tener la capacidad de emprender un sueño, perseguirlo y vivir de él agregando nada más y nada menos a la labor productiva un condimento esencial: ser feliz con lo que uno hace. El mexicano, es en términos generales un individuo que trabaja porque no tiene otra opción. Algunos ganan muy bien (de ellos platicamos otro día) pero la mayoría gana muy mal. La exigencia popular y la moneda de cambio con la que en política se le paga al ciudadano por su preferencia es la promesa de empleo, el problema es que el empleo si es mal pagado y no promueve la productividad más que un beneficio termina siendo una condena. Permanecer 11 horas diarias, 6 días a la semana cobrando cada quincena lo que desde antes de trabajar el mexicano ya adeuda y lo peor hacerlo por 25 años para alcanzar un importe de jubilación de risa no puede ser la esperanza de México, ello querido lector es una dádiva, una beca, un patrocinio y lo peor fomenta la pereza, la falta de iniciativa, limita el emprendimiento, cancela los sueños y por tanto cancela la felicidad. Si, desde luego, es cómodo, pero no conozco a nadie que becado toda su vida sin poder ser libre de tomar decisiones económicas sea feliz. Al contrario, se vuelve presa de su patrocinador.

La libertad económica es la posibilidad de que un mexicano sea motivado desde pequeño para contar con un patrimonio propio y no con una tarjeta de nómina. La libertad económica es un modelo que en México no tenemos porque mire usted se basa en 5 principios básicos: derechos de propiedad, estado de derecho, libre comercio, gobiernos con mínima intervención (porque todo se roban) y una moneda sólida que represente justamente una economía transparente y ordenada. Dígame algo ¿Por qué no emprende usted hoy día en busca de su sueño? ¿Por qué no deja usted ese trabajo que lo hace infeliz? Sencillo porque nadie puede asegurarle que habrá ganancias, porque nadie le puede asegurar que habrá competencia sana y pareja, porque en éste país no ahorramos y cuando queremos un financiamiento para un proyecto es caro o no somos sujetos de crédito, porque nadie puede asegurarle que en caso de una controversia jurídica sus derecho serán respetados y así podría seguir citándole razones hasta que usted caiga en la cuenta que “Mejor sigo trabajando, mejor que el gobierno me de salud, vivienda, mejor sigo becado”. Personalmente creo que esta navidad deberíamos regalar brújulas, estamos un poco desubicados pienso yo; no necesitamos que los gobiernos nos den migajas de nuestro propio dinero, necesitamos que exista suficiente libertad para garantizar que en nuestras propias manos está nuestro destino, no nos den, simplemente no nos quiten. Que los gobiernos se encarguen de generar certidumbre, estabilidad y justicia. Los mexicanos podemos encargarnos de construir nuestro propio destino. ¿Qué candidato puede garantizar eso? No lo sé, pienso que también les hacen falta muchas brújulas.


El dinero no existe

Luis Pérez Lezama

El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER Laboratorio de ideas. Es analista económico, conferencista y “blogger” financiero.

Twitter: @SAVERThinkLab


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