El pintor Diego Rivera (1884/1957), el esposo de la famosa Frida Kahlo, está en Veracruz. 37 de sus pinturas son exhibidas en el Instituto de la Cultura, IVEC. Uno de los cuatro muralistas del país, con David Alfaro Siqueiros, “El coronelazo”, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo.

Son 37 pinturas originales. Nada de imitaciones. Uno de los momentos estelares del siglo pasado, cuando la revolución socialista en el mundo.

Diego Rivera, protegiendo a León Trostky y cabildeando con el presidente Lázaro Cárdenas para su exilio aquí en México. Y enfrente, Siqueiros, lleno de furia, intentando su asesinato. En el fondo, la gran disputa ideológica. La pasión desaforada llevada a la locura.

Un día Frida reclamó a Diego su infidelidad con una mujer más, su modelo que posaba desnuda para el pintor. Diego le reviró de la siguiente manera:

“No te preocupes, Fridita, ha sido puro sexo”.

Meses, años después, Frida tuvo un romance con Trostky y Diego le reclamó y Frida le contestó así:

“No te preocupes, Dieguito, ha sido puro sexo”.

“El sapo” llamaba Frida a Diego, en son de cariño, porque tenía, en efecto, cara de sapo.

Pero con su cara de sapo sedujo a un montón de mujeres, entre ellas, Angelina Boloff, con quien casó en París y tuvieron un hijo, tiempo aquel cuando Diego se volvió amigo de Pablo Picasso. Su segunda esposa fue la actriz Guadalupe Marín (con quien tuvo dos hijos del pintor). La tercera esposa, Emma Hurtado. Y la cuarta, Frida.

Los momentos cumbres del país, sobre todo, de la revolución, la miseria y la pobreza indígena y campesina, fueron el tema de sus murales. En muchos edificios públicos de la Ciudad de México dibujó y grabó sus pinturas.

En una parte de su vida ilustró el libro “Canto general” de Pablo Neruda.

Su obra pictórica exhibida en el edificio central del IVEC constituye un éxito de primera.

Ojalá que el IVEC y la secretaría de Educación pudieran integrarse para promover la visita, por ejemplo, de niños de las escuelas primarias y secundarias, pues más que una clase doctoral sobre Diego Rivera, nada tan pedagógico como un recorrido por su obra pictórica.

La siguiente exposición en el IVEC bien pudieran ser las 90 obras pictóricas, entre ellas, de Diego Rivera y Botero, que Javier Duarte tenía en su rancho “El faunito”, ubicado en Fortín, y que el gobierno azul las rescató para, digamos, ser entregadas al patrimonio cultural de Veracruz, pues, se presume, todas fueron compradas con cargo al erario. “Y lo que es del pueblo… al pueblo ha de volver”.


DIEGO RIVERA EN LAS REGIONES INDÍGENAS

En el año 1906, el gobernador Teodoro A. Dehesa (aquel de “¡Mátalos en caliente!” ordenada por el dictador Porfirio Díaz) otorgó una beca a Diego Rivera (con cargo al erario) para estudiar pintura en Europa.

Agustín Acosta Lagunes, 1980/1986, integró las primeras pinturas de Diego como un patrimonio cultural de Veracruz.

Ahora, Miguel Ángel Yunes Linares ha decidido mover la colección y exponerla en el IVEC, por ejemplo, y de seguro, habrá de continuar a otras demarcaciones municipales.

En el IVEC exhiben 37 cuadros, algunos, cierto, originales, y otros, en préstamo personal, a otros institutos de cultura, entre ellos, el INBA, donde ahora se exhiben… camino, digamos, a Italia.

Así, y con todo, resulta paradójico que la colección sólo haya sido exhibida en Orizaba y Xalapa, y ahora, en el puerto jarocho, ni siquiera, vaya, en Boca del Río, donde tanta promoción cultural hacen.

Más aún: en la exposición de Diego hay un montón de pinturas, acuarelas y dibujos en lápiz sobre los indígenas, entre ellos, y por ejemplo, Padre con su hijo (de 1940), Niño campesino (1937) Campesino cargando un guajolote (1944), Niño con pollito (1935), Niño pescador (1956) y Mujer con corral (1948), y en donde el pintor retrata la pobreza y la miseria.

Y desde el sexenio de Acosta Lagunes a la fecha (37 años), nunca, jamás, la exposición ha sido ventilada en alguna región indígena de Veracruz.

Las buenas conciencias, la gente VIP, quizá dirá que ninguno de los compitas entendería a Diego, pero, en todo caso, simple y llanamente, ellos son la gran fuente de inspiración.

Y por eso mismo, bien merecen que la misma exposición sea llevada a tales rincones étnicos.


MIRAR FUERA DEL PAVIMENTO

En unos pasillos del IVEC hay otra exposición. Lleva un nombre curioso: “Apoyarte”. Se trata de una colectiva de artistas de Veracruz que venden sus pinturas, dibujos y acuarelas para juntar centavitos en beneficio de las zonas afectadas por los temblores en Oaxaca y Chiapas.

El cuadro más barato cuesta 300 pesos y el más caro 5 mil 400. La mayoría, se entiende, artistas novatos que apenas inician, aun cuando entre ellos está Milburgo Treviño, con mil años encima como pintor.

Así, y más allá del legendario saqueo de las finanzas públicas cometidas en el sexenio anterior, el IVEC está haciendo camino al andar.

Muchos pendientes hay, por ejemplo, en un Veracruz con 600 mil analfabetos que no saben leer ni escribir y ni siquiera pueden copiar su nombre para una firmita y en donde seis de cada 10 habitantes son ubicados por el Coneval en la miseria, la pobreza, la jodidez, el hambre, el desempleo, el subempleo, los salarios de hambre y la migración, para llevar la torta a casa.

Pero el ser humano también es inteligencia, talento, creación y creatividad, alma y espíritu y neuronas y corazón, y nada mejor la cultura, con todo y que la gente padezca hambre.

Por eso, ojalá y en el IVEC superen la política oficial de concentrar la cultura y miren hacia fuera del pavimento.


Expediente 2017

LUIS VELÁZQUEZ


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