Es imposible negar que todos soñamos alguna vez con tener muchos billetes, con la posibilidad de que mágicamente en nuestra cartera el dinero se reprodujera infinitamente pues nuestro pensar es que entre más dinero tengamos menos carencias aparecerán en nuestro panorama económico.

Innegable que todos lo hemos pensado más de una vez, por ello resulta vital que los jóvenes y niños tengan respuestas concretas a preguntas como ¿Te imaginas si tuviéramos una máquina de billetes? Por esa razón hoy quiero compartir con ustedes la fantástica experiencia que -considero- vivieron algunos jóvenes universitarios la semana pasada cuando asistieron por primera vez a las instalaciones de la fábrica de billetes en Legaria, justo en el corazón de Ciudad de México; la visita al complejo factorial propiedad del Banco de México constituye una posibilidad práctica y no teórica de desmitificar esas ilusiones con las que usted, yo y todos hemos tenido alrededor del dinero. Es además una visita obligada para quien empieza el camino de la educación financiera.

Para los jóvenes, todo aquello que desde el ángulo de la docencia económica podamos explicar siempre resulta interesante, atractivo, pero nada se compara con verlos delante de los torniquetes de acceso después de un desvelo matutino, prestos y alerta enfundados en sus chalecos naranja escuchando atentos las instrucciones del director de seguridad de la fábrica, quien flanqueado por elementos del ejército dirige las líneas de acción que debemos de seguir en caso de algún siniestro e invita a cumplir a cabalidad la disciplina interior del banco. Ni dudarlo, los jóvenes entienden que la seguridad no es negociable.

Fue muy grato verlos cruzar el arco de seguridad muy ordenados y observar sus rostros de asombro cuando el acceso se abre y lo primero que aparece ante la vista es una gran, una gigantesca placa frontal de bronce que dice simplemente “Banco de México”. Para quienes como docentes del área económica nos sentimos muy orgullosos de nuestra banca central, de su independencia y cumplimiento constitucional, es un privilegio estar nuevamente en las instalaciones de Legaria, casualmente en el mismo día en el que se celebra el Día mundial del Docente Financiero, así que no hay mejor premio que ver a los jóvenes listos para el recorrido mientras nosotros nos regocijamos por la coincidencia.

Tuvimos la oportunidad de recibir inicialmente en al aula magna de este complejo la charla de introducción sobre la importancia del dinero en el sistema de pagos subordinado al banco central donde nuestros educandos completaron su instrucción financiera sobre el dinero revisando aspectos de seguridad de los billetes que normalmente no nos detenemos a hacer en nuestra vida diaria.

Ha sido para quienes dirigimos este grupo de jóvenes un privilegio verlos llenar de preguntas (muchas de ella sin respuesta) a los expositores, todo indica que estamos delante de una generación que cuando entiende y se enfoca sobre un tema como éste se apresta a descubrir velozmente más y más información.

Tengo claro que las lecciones iniciales para estos jóvenes han sido exitosas y me pregunto constantemente ¿Qué no debería ser obligatorio para todos los mexicanos recibir esta instrucción desde niños? ¿Por qué estas experiencias parten de la voluntad del particular y no pertenecen a los programas educativos oficiales? ¿Por qué el mexicano accede tarde y en algunos casos no accede nunca a la educación financiera?

Le digo esto porque una vez que los jóvenes recorren formalmente la línea de producción donde los moldes impactan en tambores contra el papel algodón o el polímero dejando las primeras impresiones sobre el billete, la mirada de los universitarios nos dice que la impresión es absoluta ¡Es una gran imprenta! Así es contesto a quienes coincido en miradas. El ruido es ensordecedor, pero eso no impide que podamos disfrutar a la distancia la fortaleza industrial del banco de México.

Los jóvenes empiezan a entender que un billete es dinero de papel, dinero de fe, dinero fiduciario que únicamente vale porque el banco central le asigna una unidad de cuenta y lo vuelve medio de cambio pero que en realidad su valor es de 0.80 centavos. Es en resumen una mercancía de papel que sirve para intercambiarse por otras mercancías bajo un sistema monetario que regula un banco central. Nada más.

“Impresiones multiplicadas” podría yo llamar también a la columna de hoy y no sólo porque como ya le platico el dinero se imprime en esta fábrica sino porque descubrirlo, vivirlo es una magnífica experiencia moral pues quienes colaboran al interior de la fábrica y manipulan constantemente volúmenes importantes de dinero no tienen la percepción de estar delante de riqueza sino que reflejan en su mirada al mover las fajillas de dinero la misma emoción que usted tiene cuando saca los jitomates de la bolsa y los pone en el refrigerador. Esa es la aspiración que todo docente tiene: que los jóvenes logren ver al dinero como un medio y no un fin; ello demuestra el entendimiento real de su valor.

Tras haber observado el empaque y embalaje de los billetes, los universitarios reciben de regalo “maculatura de billetes” que no es otra cosa que billetes finamente triturados que nos invitan a nunca olvidar que se trata de papel. La visita lleva su dosis de ironía, tanto estudio y tanta espera para comprobar que el dinero de papel es un vinculante y no riqueza en sí misma.

Qué ironía que teniendo a disposición de todos los mexicanos nuestro banco central y siendo toral el uso del dinero en México no vayamos todos en busca del aprendizaje financiero y qué ironía que, siendo el dinero tan demandado, tan deseado no sigamos toda la primera regla de la demanda: la voluntad. Voluntad para entender el sentido real del dinero, voluntad para educarnos financieramente. Si todos recordáramos que la educación financiera tiene como propósito ulterior que usted sea feliz mediante la toma de las mejores decisiones con el dinero quizá los mexicanos podríamos tener un mejor panorama de nuestra propia realidad.

En el Día Mundial del Docente Financiero le comparto mi felicidad por nuestros universitarios y mi tristeza por el resto de los mexicanos que no han alcanzado a comprender la importancia de la educación financiera.


LUIS PÉREZ LEZAMA

El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER Laboratorio de ideas. Es analista económico, conferencista y “blogger” financiero.

Twitter: @SAVERThinkLab

EL DINERO NO EXISTE


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