En 1984, en Inglaterra, cuando se discutía el tema de la fecundación asistida, se planteó el problema de si los embriones que resultaban de la fecundación in vitro eran realmente seres humanos o no. De ello dependía que la investigación continuara o fuera definitivamente prohibida. ¿Por qué? Porque los embriones así creados (preimplantatorios) no eran todos “utilizados” para ser implantados en el útero de la mujer, sino uno, dos o tres según quisieran los padres tener uno, dos o tres hijos. Los restantes embriones, o debían ser destruidos o ser utilizados para posteriores investigaciones. La comisión del Parlamento británico creada a propósito replanteó el asunto cuestionando en qué momento un embrión puede ser considerado un ser humano “como nosotros”. La filósofa Mary Warnock, presidenta de la comisión, hizo una propuesta: se consideraría un embrión como ser humano a partir del día 14 de haber ocurrido la fecundación. Los embriones no implantados, dictó la comisión, no tienen el mismo valor que los implantados porque no tienen ninguna posibilidad de subsistir y llegar a ser humanos. El postulado fue aceptado, aunque tiempo después los comisionados reconocieron que fijar el día 14 fue una decisión por simple acuerdo y sin mayores fundamentos ni biológicos ni filosóficos, pues ambas clases de embriones no se diferencian biológicamente en nada y su única diferencia es que unos tendrán mejores condiciones para llegar a ser humanos (en el útero materno) y los otros no. Lo mismo sucedió con los embriones, resultado de clonación. También aquí algunos opinan que estos no deben ser considerados estrictamente como embriones, por lo que son ajenos al género humano y pueden ser utilizados o destruidos según convenga a la investigación.

Obviamente, en estos casos citados priva el interés de quienes ven grandes ventajas de sostener esa diferenciación entre embriones preimplantados y/o embriones clonados, y los embriones, digamos, naturales.

Actualmente los científicos (biólogos, genetistas, etc.) no se ponen de acuerdo, pues el tema trasciende a la ciencia y se adentra en los terrenos de la filosofía. Y aquí es donde se dan dos posiciones encontradas. La primera sostiene que los embriones, antes del día 14, son seres vivos pero no son seres humanos y mucho menos personas, reservando el segundo término al momento en que el embrión se convierte en feto, y el tercero al momento del nacimiento.

Para defender esta posición, se argumenta que antes de ese día el embrión puede dar origen a más de un embrión, por gemelación, por lo que carece de unidad, cualidad indispensable de un ser humano y, más, de la persona. También se argumenta que ese embrión no tiene identidad, pues es posible que en lugar de desarrollarse como ser humano termine en una “mola hidatiforme”, es decir, en un cúmulo de células que crecen como una especie de tumor. “Una mola hidatiforme, o un embarazo molar, es el resultado de la fertilización anormal de un ovocito (ovario). Que resulta en un feto anormal. La placenta crece normalmente con poco o ningún crecimiento del tejido fetal. El tejido de la placenta forma una masa en el útero” (https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000909.htm). Aún hay otro argumento según el cual esos embriones no usados corren, finalmente, la misma suerte de los muchos óvulos fecundados que no se implantan en el útero y terminan por ser desechados naturalmente por la mujer. En resumen, que el valor de un embrión o su calidad de humano van a depender de sus posibilidades de supervivencia, lo cual implicaría aplicar el mismo criterio al valorar como humanos a quienes tienen mayores posibilidades de sobrevivir o, incluso, de vivir humanamente que a quienes carecen de esas condiciones. Conclusión que parece demasiado riesgosa.

La segunda posición sostiene que un embrión, producido naturalmente, por fecundación in vitro o por clonación, no solo es un ser vivo, sino un ser humano y una persona, solo que en su primera etapa de desarrollo. E insisten, “desarrollo” y no transformación, pues esto último supondría un cambio, digámoslo en términos escolásticos, substancial. Por lo tanto, la eliminación de los embriones “sobrantes” producidos por fecundación in vitro o por clonación, así como los embriones originados naturalmente y que ya han anidado en el seno materno y son desechados antes del día 14, suponen propiciar o realizar la eliminación de personas, con la debida aclaración de que estos últimos se desean eliminar por alguna razón no aceptada médica, legal o moralmente. Y ya se sabe que en relación a estas últimas circunstancias tampoco existe una definición clara y universalmente aceptada.

Son las dos posturas básicas en torno al tema de los embriones. Es necesario, sin embargo, precisar el concepto de embrión como “el primer estadio de la vida humana”, ya que existen también diversas posiciones filosóficas al respecto.

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GINO RAÚL DE GASPERÍN GASPERÍN


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