Hace algunos años (20 para ser precisos) un grupo de políticos viejos, retirados del quehacer público (profesores míos algunos de ellos) me invitaron una tarde a tomar café. Asistí con la esperanza de “aprender golpes” siendo un rapaz e inquieto estudiante de economía. Al calor de la plática y del evidente asombro que mis ojos mostraban, uno de ellos, quizá el más sabio me miró y me dijo: -Muchacho, tu no ¿eh? A la política no ¿eh? Tú debes ser un muchacho sano, limpio... dile no a la política, la política es sucia. ...Les tomé la palabra... Mi abuelo se dedicó por años al quehacer político, jamás quise seguir su camino, lo respeté, pero mi distancia con él se explica sola.

Me dedico a estudiar la economía, las finanzas y su efecto en la sociedad. Mi tarea es que usted venza la barrera del desconocimiento económico que lo separa de las buenas decisiones financieras, mi quehacer es convencerlo que la economía es un medio para ser felices. Pienso que la labor del economista tiene dos aristas: hacer más rico al rico o menos pobre al pobre. Usted ya entiende a estas alturas que comulgo plenamente con la segunda. Sólo creo en la política aristotélica (no aristocrática), aquella que pugnaba que “el hombre es un animal ciudadano, un animal cívico, un animal para el cual la virtud, la justicia y la felicidad solo pueden alcanzarse socialmente”. Nada de eso existe hoy.

La política actual -tendré cuidado de no generalizar- alberga algunos individuos corruptos, con poder público, que viven una paranoia constante por satisfacer necesidades básicas y suntuosas a mayor velocidad que los demás porque necesitan de la acumulación de dinero que no existe (un día le diré porque) para protegerse del “futuro”. Se convierten en animales que depredan todo a su paso, son amantes de la crematística de Tales de Mileto, obsesivos de la riqueza. Nada más atroz y lesivo para la economía que esta especie.

En economía el gran reto es el desequilibrio en la distribución de la riqueza, la pobreza creciente y la escasez sobre todo si son causadas por la corrupción sinónimo de la decrepitud de las transacciones económicas supeditadas al interés del poderoso. Pero no hay nada más doloroso que una sociedad complaciente; que observa estos escenarios y que desconoce su propia capacidad de auto determinar su rumbo, de cambiar esta dinámica social, duele ver una sociedad que celebra su incapacidad para hacerse dueño de su propio destino, ¡Carajo! Como duele la falta de conciencia en México.

El padre de la economía (que no era economista sino filósofo) Adam Smith en su libro “Teoría de los sentimientos morales” señala que “...El hombre comete errores por la falta de estudio de sí mismo...”. Le digo todo esto porque debo contextualizar las razones de lo que hemos visto la primera semana del 2017 en televisión, en redes sociales o quizá hasta lo haya usted padecido en carne propia mediante los bloqueos, saqueos, confusión, noticias falsas y señalamientos: “son infiltrados” dicen. ¿Sabe algo? ¡Da lo mismo quienes sean! Dejemos de cometer el error histórico de ser mexicanos de diagnóstico, buenos para señalar, pero pésimos para cambiar el rumbo de la historia.

Por años hemos visto saqueos y no los de las tiendas comerciales (que son una barbarie) sino saqueos de miles de millones de pesos del erario, gobiernos que han inflado el gasto corriente, finanzas públicas manejadas a conveniencia, campañas políticas patrocinadas por el erario y lo más lamentable en los últimos 10 años ha sido el ascenso de la inseguridad y la corrupción. Le haré una cuenta rápida, la corrupción nos cuesta el 9% del PIB (Forbes, 2016) esto es unos $247,000 millones, si tomamos en cuenta que el PIB vale 1.3 billones de dólares (Banco Mundial, 2016) y calculamos un crecimiento del PIB del 3% en los últimos 10 años entonces la corrupción nos cuesta 3 años de crecimiento económico nacional. Pregúntese: si elimináramos la corrupción ¿Mejoraría la economía si tuviéramos disponibles $741,000 millones para educación, financiamiento a proyectos productivos o a salud e infraestructura carretera? ¿Habría necesidad de subir impuestos?

La solución está delante de nuestros ojos, pero cuidado, de no modificar entonces lo que está en riesgo es su economía, nuestra economía. Así como vemos la rapiña en los almacenes así han saqueado las finanzas públicas y esto explica la debilidad estructural de la economía nacional y si bien los culpables son los que elegimos para gobernar también lo somos nosotros al ser complacientes con esos gobiernos, al ser parte de ese círculo vicioso llamada corrupción y ¡no finjamos! Por años pensamos que nuestras acciones no afectaban a la economía, “no pasa nada” decíamos. Le tengo malas noticias, será un fin de sexenio donde el fantasma de las crisis económicas que nuestros hijos no conocen rondará nuestros hogares, pero esta vez el golpe sería brutal por la debilidad que ya le he explicado.

Detrás de todo el desorden político social hay un peso mexicano depreciándose todos los días que trasladará esa pérdida a los precios de los productos que todos consumimos, detrás de la retórica oficial en México hay un próximo presidente de EUA que si está ocupado de defender sus empleos y que si está decidido a mejorar su economía. Detrás de la liberación de la gasolina hay una realidad que dice que Pemex está quebrada y que no tiene infraestructura para refinar hidrocarburos, detrás de la reforma energética hay un poder legislativo perezoso que vive “becado” por nosotros y que aprobó adelantadamente la liberación de gas y gasolina en 2017 cuando correspondía hacerlo en 2018, el mismo tipo de configuración legislativa que aprobaba la deuda pública Duartista.

La pregunta es ¿Qué hay detrás de cada mexicano que se queja? Los mexicanos no somos saqueadores, no nos pongamos al mismo nivel que los políticos, debemos tomar conciencia que es tiempo de una nueva realidad democrática y de una nueva dinámica económica pero antes hay que modificar nuestras conciencias, de cambiar desde adentro para poder cambiar el entorno. Thomas Sowell, economista norteamericano dijo: “La primera lección de la economía es satisfacer las necesidades de la población, pero la primera lección de la política es ignorar la primera lección de la economía” Se lo dejo de tarea.


El dinero no existe

LUIS R. PÉREZ LEZAMA

El autor es Director de análisis y docencia económica en SAVER Laboratorio de ideas. Es Economista, conferencista y “blogger”

financiero. Twitter: @SAVERThinkLab


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