Freeport, Nueva York.-Imagine a un sueco en Tepito.

Imagine que el sueco no sabe de drogas y se mete al Barrio Bravo, según él muy discreto, y quiere preguntarle al del puesto de películas por qué venden "grapa" o "perico". ¿Cómo lo justifican cuando él ha visto en las noticias los asesinatos, los colgados en los puentes, las cifras?

El sueco en este caso es un mexicano en una feria de armas en Freeport, un pueblo de Long Island de 40 mil habitantes. Está a 50 kilómetros -una hora en tren- del Empire State en Manhattan, pero podría estar en Texas.

Freeport fue sede de una de las casi 50 ferias de armas que se llevaron a cabo este fin de semana en todo EU.

Sólo una canceló por la reciente masacre en Las Vegas, donde 58 personas fueron asesinadas con dos rifles semiautomáticos. "LAMENTAMOS mucho esta inconveniencia", decía el letrero del evento.

Entre 4 mil y 5 mil ferias de armas se llevan a cabo en todo el país cada año.

Cada una es, en esencia, un bazar de domingo, pero en lugar de artesanías hay metralletas.

Para poder comprar un arma, muchos estados exigen un permiso, el cual se adquiere tras un entrenamiento especial. Es como sacar una licencia de conducir.

Sin embargo, casi 40 por ciento de las armas que se compran en Estados Unidos se transfieren entre privados, por medio de anuncios clasificados o en ferias, donde no todo está regulado.

En Freeport, el acceso cuesta 8 dólares para los adultos. Los menores de 12 entran gratis.

Al entrar, de inmediato hay una mesa de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), a quien se le debe buena parte del inmovilismo legislativo para lograr un mayor control de armas.

"(La NRA) es la organización-movimiento de conservadurismo social más importante (de EU)", dijo a Grupo REFORMA Scott Melzer, sociólogo y académico de la Universidad de Albion.

"A muchos de los votantes que defienden el derecho a tener armas los mueve el miedo, y la NRA atiza ese miedo", agregó Melzer, autor del libro "Gun Crusaders: The NRA's Culture War".

Miedo de perder una serie de derechos y libertades individuales, de que el Gobierno controle las vidas de los ciudadanos, de perder, incluso, ciertos referentes de masculinidad, de acuerdo con Melzer.

"Temen poder perder sus armas del mismo modo en que temen que han estado perdiendo su país. Mucha de la retórica de la campaña de (Donald) Trump giró alrededor de esta idea. Y funcionó", explicó el académico.

Agencia Reforma