Manila.- El polémico Rodrigo Duterte, ganador por mayoría abrumadora de las elecciones celebradas el pasado 9 de mayo, será investido mañana presidente de Filipinas en una sencilla ceremonia en el palacio presidencial de Malacañang, en Manila.

Duterte, de 71 años de edad, se ganó la confianza de los filipinos gracias a su firme promesa de luchar contra el crimen y las drogas, los dos principales problemas de la nación según los ciudadanos.

Desde que comenzó su carrera política, en los años 80, ha destacado por su contundencia contra el crimen y por declaraciones consideradas rudas e inapropiadas.

El próximo jefe de Estado ha insistido desde que ganó las elecciones en que reimplantará la pena de muerte, abolida en 2006 por la entonces presidenta del país, Gloria Macapagal Arroyo.

En concreto, quiere aplicar el ahorcamiento en vez de la inyección letal y no sólo para los asesinos, sino también para los crímenes relacionados con drogas, violaciones y robos de vehículos en los que el propietario resulte muerto.

Duterte también ha sido muy criticado por numerosas organizaciones por defender la ejecución extrajudicial de ladrones o traficantes de drogas para reducir las tasas de criminalidad.

Se le acusa de haber amparado a un grupo de sicarios que mató a unos 1.000 delincuentes en la sureña ciudad de Davao, de la que ha sido alcalde durante más de 20 años.

Grupos y organizaciones presentaron hoy en Manila un programa con 15 demandas para el próximo mandatario en sus primeros 100 días, centradas en desarrollo económico, política social, paz y derechos humanos, gobierno y democracia y política exterior y soberanía.

Los demandantes apuestan por la industrialización del país, aumentar la dotación de Educación y Sanidad, mejorar la atención a los trabajadores en el extranjero y la lucha contra la corrupción, construir una red nacional de banda ancha de internet y que se selle la paz con los grupos insurgentes, entre otras cosas.

El otrora alcalde de Davao tomará posesión del cargo, para un mandato único de seis años, frente a poco más de 600 invitados y sucederá a Benigno Aquino, que ha gobernado desde 2010.

El próximo jefe de Estado, que durante su carrera política ha procurado distanciarse de la élite filipina, ha rechazado por razones personales el vehículo oficial utilizado por los anteriores mandatarios, un coche de la lujosa marca alemana Mercedes Benz.

"Todos los que lo han utilizado han acabado impugnados o en la cárcel", explicó Duterte.

Un sencillo banquete sucederá a la jura, protagonizado por productos locales como el zumo de coco en lugar de vino, el adobo -uno de los platos filipinos por excelencia- y el durian, una popular fruta de la región y la favorita del nuevo mandatario.

La particular ceremonia de investidura estará marcada por la ausencia de la vicepresidenta electa, Leni Robredo, de un partido distinto y que tomará posesión de su cargo en un acto separado por la exigencia de Duterte.

Según ha explicado el equipo del nuevo presidente, se decidió organizar dos ceremonias para no limitar la lista de invitados de Robredo y no obligar a la próxima vicepresidenta a celebrar una toma de posesión tan sobria.

Otra novedad de la investidura es que será la primera en Asia que será retransmitida en directo por la red social Facebook.

Duterte ha pedido a los periodistas que dejen de usar "Digong", como se le conoce popularmente, y que empiecen a llamarle Rody, como solía hacer su madre.

"No me llaméis 'Digong', quiero ser 'presidente Rody'", indicó el político, que además ha prometido que no volverá a decir groserías en público.

"Tengo que controlar lo que sale de mi boca. Ahora no puedo ser grosero porque estaré representando a nuestro país", explicó Duterte.

EFE