La gente los llama 'rapiñeros', ellos se describen como oportunistas, son aquellos que llegan a algún accidente y se llevan lo que puede ser provechoso, algo que aseguran cayó en su 'territorio' y por lo tanto les pertenece.

Anchas líneas negras atraviesan campos que parecen desérticos. Si es de día el calor es insoportable, si es de noche el frío cala a cualquiera, a cualquiera que no ve en un camión volcado un balance para su economía. La gente les tacha de ladrones o rateros, les llaman 'rapiñeros' aunque mejor dicho, son oportunistas. Pareciera que viven esperando un accidente, pero no es así, su vida no tiene lugar al lado de la carretera.

Historias de gente que corre a los 'volteos' (modo en que le llaman a cuando un camión cargado de algún producto útil para venta o consumo propio vuelca), son muchas, la de Isidora y la de Manuel (nombre ficticio) son las que caen dentro de la sartén al querer contarlas. No se conocen entre sí, pero coincidieron ante una oportunidad.

'Manuel', marcado

de por vida

Estudiaba el bachillerato, ayudaba en la cosecha del limón, hoy, camina con dificultad y perdió el ciclo escolar. La mañana del 11 de junio, Manuel fue invitado por un amigo a ir al 'volteo' de un camión de toallas sanitarias, detergente y pasta dental, le avisó a su madre y corrió al lugar. El accidente ocurrió en el kilómetro 27 de la autopista Córdoba-Veracruz, casi a la salida de Cuitláhuac, a más de seis kilómetros de su hogar. Hubo personas que esperaron más de seis horas bajo el sol, bajo el implacable sol, hasta que finalmente alguien se atrevió a tomar una caja y de ahí no hubo poder humano que los detuviera.

Entre el 'río' incontrolable de gente que se arremolinaba sobre el botín, Manuel lanzó un grito, alzó la mano, se quitó la playera y la ató cerca de su pie, se había herido con una lámina. La cortada fue profunda, dañó el tendón derecho de su pie, el cual casi pierde por decisión de un médico. Su familia luchó por evitarlo y hoy en día una cicatriz de 25 centímetros le recuerda aquella mañana en que su sangre lavó la tierra de los limonares de Carrillo Puerto. Manuel, sin embargo, no quiere ser entrevistado, "?Qué voy a ganar?, ya la gente habló mucho de mi, ya estoy saliendo de está, 'despacito' pero sigo mi camino", dijo.

Isidora y los tamales

Maria Isidora es empleada de un 'coyote del limón', pasa más de ocho horas sentada debajo de una lona cargando rejas de plástico con el cítrico que les compra a quienes lo cultivan. "Ahorita está a buen precio, pero hay veces en que sube mucho y la gente no compra, y entonces el trabajo escasea", dice sonriente a pesar de lo adverso de su situación, que es, la misma que cientos de familias viven en la región, entre ellos y alguna gran ciudad, los kilómetros a recorrer son incalculables.

Una mañana de sábado, Isidora iba para Cuitláhuac a ayudar a su hermana con la venta de pollo, al llegar al puente de Arroyo Azul, cerca de Carrillo Puerto, tuvieron que detener su camino a causa de un accidente. Un camión cargado con rejas de pollo vivo, había volcado. La sangre derramada en el accidente no fue impedimento, y nunca lo ha sido, para que la gente que encuentra en estos percances una oportunidad de beneficiarse, tome lo que no es suyo.

Isidora para sorpresa, dice haber tomado entre 10 y 15 pollos, el problema era llevárselos, así que le llamaron a un conocido del pueblo más cercano para que los llevara. El trueque se paga en especie, el favor tiene un costo negociado, uno o dos pollos por persona. Por la tarde, dice que hizo tamales y los compartió con los vecinos.

Los 'afectados'

El asesor de seguros Johny Salmerón Scully, afirma que aunque las compañías transportistas conocen los riesgos, rara vez contratan un seguro que les responda en caso de un accidente y el 'robo' del cargamento por parte de los lugareños. El hecho de que los seguros sean variables de acuerdo al monto de lo transportado, los impulsa a aventarse 'un volado' sobre su cargamento, si llega bien...pues bien, pero ?y si no llega?...

La Policía Federal registra alrededor de 20 accidentes en los que se ve involucrada la 'rapiña' de manera anual en el tramo carretero que comprende de Orizaba a La Tinaja. "No sabemos de dónde salen, no sabemos quién les avisa, en un momento sólo estamos nosotros y en menos de 10 ó 15 minutos, ya hay decenas de personas que llegan en camionetas, motocicletas, bicicletas, y hasta caminando", menciona un Policía Federal de la división Caminos en forma extraoficial.

En la línea del señalamiento

Tomar algo que no te pertenece es un delito, se le conoce como robo y se puede señalar a un culpable. La sociedad se encargará de enjuiciarlo. Pero ?quién señala y enjuicia a quienes se olvidan de aquellos que viven a miles de kilómetros del progreso?, y que aún así, su fe no se dobla y menos se quiebra, tal vez su piel se rasgue, pero una herida así no mata la esperanza de que alguna de sus generaciones venideras tenga una mejor calidad de vida, pero mientras tanto sonríen, sonríen ante la oportunidad de cargar una caja más.

20

II

ACCIDENTES al año en los que hay actos de ‘rapiña’ tiene contabilizados la Policía Federal.

José Juan Cruz/El Mundo de Córdoba