Rosario Monterd López, es ama de casa y sobreviviente del cáncer en dos ocasiones. “Cuando a mí me dio cáncer yo le prometí a Dios que si él me dejaba vivir más y me sanaba yo me iba a dedicar a ayudar a la gente”, comentó. Se sumó a un equipo del voluntariado que entrega café y pan en las noches en el hospital del IMSS. Recayó en el cáncer, pero tras el tratamiento adecuado, los médicos le dijeron que logró salir de la enfermedad nuevamente. Eso le permitió que se volviera a unir algún voluntariado.


“Hay gente aquí en el hospital que ni siquiera trae dinero para un café; con esta labor de obsequiar un café, también les damos ánimo en el momento difícil que están pasando con su familiar”, destacó.


De manera personal, dijo, platica con las personas para inyectarles ánimo y fe a través de su testimonio de vida.


También participa en el taller de manualidades que tiene el voluntariado y con el cual hacen distintos obsequios o distintivos que reparten en cada piso a los familiares de los enfermos.


Cuando se les otorga una taza de café o una pieza de pan, no sólo se da el alimento, sino también se les otorga afecto para hacerles saber que en este momento difícil de enfermedad no están solos, que hay alguien que se preocupa por ellos; se busca alimentar el alma y el corazón en un momento tan difícil.