Xalapa, Ver.- Rosa María Lara cree cometer suicidio en el quinto día de manifestación para exigir el pago de su pensión que cubre los gastos de cinco integrantes de una familia.

Su situación financiera está colapsada, en la última semana ha solicitado préstamos a familiares para comprar sus medicinas que controlan el herpes que presenta en sus extremidades.

María Lara dejó su vista en el estudio, en su profesión y doctorado en medicina, la remuneración del esfuerzo se exige bajo los rayos del sol que comparten entre ella y Palacio de Gobierno, donde las autoridades les dan largas para cobrar 20 mil pesos de su pensión.

Bajo una sombrilla y retenida por un bastón, Rosa María se manifiesta como Dios aún le permite extender su frente en alto, gritar con su voz suave y ver a través de unos anteojos con gran aumento el desfalco financiero al interior del Instituto de Pensiones del Estado (IPE).

La vista está cansada, los pies, las manos de cargar una bolsa con medicamentos para controlar los malestares de la edad, del coraje por no reflejar en su cuenta bancaria dinero que a la fecha, ya debe por préstamos familiares.

Una medalla del Sagrado Corazón de Jesús es lo más valioso que porta en su cuerpo delgado. El dije y su correa es de chapa, no suficiente para ser recibida en un empeño de la ciudad de Xalapa.

“En este sexenio nos ha fallado todo, desde el año pasado que en diciembre y noviembre no pagaron a tiempo, pagaron aguinaldo con golpes y protestas, somos ancianos, no podemos seguir protestando, es arbitrario, es perverso”.

Desde el 30 de junio ha visitado tres veces por día un cajero ubicado en la calle Juárez, Bancomer, rezando a Dios en cada paso lento que su cuenta refleje la pensión del octavo año.

María Lara trabajó por 30 años en la Facultad de Medicina del puerto de Veracruz, en las aulas heredó conocimientos adquiridos en tiempos educativos donde todo era más tranquilo, al menos, ella lo recuerda de esa forma.

Su profesionalización alcanzó doctorado, tanta fue su pasión a mejorar el conocimiento que debía transmitir a jóvenes de la Universidad Veracruzana (UV) que perdió buena visión, observa siluetas y en cansancio se nubla por completo sus ojos claros.

“Uno ya cotizó cada mes, no nos están regalando nada, eso sí, puntualmente nos descontaban, tanto como para el IPE como para el sindicato que no da la cara porque está vendido”.

Ella no padece el único malestar de salud entre una multitud de cuatro mil pensionados en el estado, ella y otros compañeros jubilados y pensionados han sufrido de deshidratación, bajas en presión, mala alimentación, tensión intensa en piernas por largas horas de pie extendiendo cartulinas, exigiendo su pensión.

“Ya hoy me levanté por Gracia de Dios, porque digo, bueno, es mi derecho pero ya no es posible y ahora se viene el fin de semana, imagínese, otra vez a pedir dinero, otra vez sin dinero, otra vez prestado, la gente no te va a estar prestando cada rato, es horrible vivir así”.

AVC