El tiempo apremia, y cuando el talento debe pulirse, cada minuto importa. La maestra lo tiene presente y así lo hace notar. Y es que para llegar al éxito hay que ser estrictos, disciplinados. Antes de iniciar sus ensayos, Uziel cuenta con unos minutos para conversar. Habrá que aprovechar cada segundo, el reloj corre. A veces no hay necesidad de extender las palabras. Hay gente que habla en el escenario a través de su cuerpo, que comunica y transmite emociones a quien lo observa. Es el caso de él. Pronto, Uziel Romero García cumplirá la mayoría de edad. Su juventud contrasta con su experiencia, pues desde hace ya 9 años entrega su tiempo a lo que hoy es su mayor pasión: el ballet, arte que lo ha sumergido en la enseñanza de la vida a través de la danza y que lo eleva a soñar con adueñarse del papel principal de ‘Don Quixote’, en el ballet de San Francisco.

“El ballet es muchas cosas. Sí, se estudia muchísimos años, pero eso sólo es la técnica, la base, lo demás lo adquieres, la experiencia, la disciplina, las ganas, el sentimiento al bailar… Es poder hablar pero con tu cuerpo”, platica antes de iniciar sus ensayos en uno de los salones de la escuela de Fomento Artístico Cordobés. Para el joven talento originario de Córdoba, la vida se transformó para bien a partir de su integración al programa social En Pro del Talento Veracruzano (ProVer), dirigido por la maestra Martha Sahagún, allá por el año 2009. “Cambió todo, tenía responsabilidades desde muy chico, compromisos, no sólo como alumnos, sino como bailarines, desde el hecho de levantarnos temprano, asistir, comprometernos, y la relación con cada maestro, nos hizo cambiar, ser disciplinados”, recuerda. Antes de la danza, de Pro-Ver, de los escenarios, Uziel crecía como un niño más: jugaba, hacía la tarea al salir de la escuela, veía las caricaturas en el televisor y convivía con su familia como la mayoría de los pequeños de su edad. Hoy, su vida se encauza hacia el éxito y sabe que para llegar a él debe enfrentar retos que requieren de compromiso, algo que está dispuesto a cumplir y así lo ha demostrado durante estos años. Es inevitable ver a un joven bailarín como Uziel y recordar la cinta de Billy Elliot (la película en la que un niño sueña con ser bailarín en los años 80, a pesar de la negativa de su padre). Además, el tema es doblemente obligado debido a que tres adolescentes de Pro- Ver participan en el musical del mismo nombre, que con éxito se desarrolla en la Ciudad de México y cuyas audiciones se efectuaron también en Córdoba. Y es que en el caso del protagonista del largometraje, como niño debe enfrentar el problema social que representa su deseo por dedicarse a la danza. El conflicto que se plantea en la trama no es muy diferente a lo que sucede actualmente, 30 años después de la fecha en la que la cinta se desarrolla. “Principalmente el tabú en México y no sólo en México, aún se tiene en algunas partes más, de que el ballet es para niñas, que el ballet, si eres hombre eres homosexual, es un tabú muy fuerte, pero cuando uno realmente quiere, obtiene la confianza, seguridad, firmeza para seguir, y más allá de todo eso, es un sueño y puedes buscarlo, ¡puedes lograrlo!” Sus padres, a quienes agradece, siempre han estado ahí con él, con mentalidad abierta, empujándolo a que deje huella, a que conserve un propósito, a que sea todavía más especial de lo que ya es. El ballet, como el arte, es distinto y único para quien lo aprecia y quien lo practica. Para Uziel, quien se adentró en él cuando niño, y que hoy, ya como joven lo vive, la visión de la danza se ha transformado. Una definición exacta cuesta porque es como explicar algo que, más allá de describirse, debe sentirse. “Durante algunos años yo estuve bailando como un atleta, un deportista, pero llegó el momento donde eso cambia, tienes que darle motivo, sentimiento a lo que haces, entonces realmente esa fue mi anécdota, darle sentimiento a las cosas, a cualquier bailarín le cuesta”. El tiempo, de nueva cuenta el tiempo, envuelve al protagonista. Tres meses atrás ocurrió una experiencia que le dejó una importante huella. Es el mes de julio de 2017, cientos de personas observan y quedan quizá en segundo término al percatarse de la magnitud que significa estar en el escenario más importante de México: El Palacio de Bellas Artes. Es el Concurso Nacional de Ballet Infantil y Juvenil, y siete alumnos de ProVer, entre ellos Uziel, están ahí, preparados para triunfar. “Fue emocionante, tuve temor por haber estado en el centro, ser el centro de atención en esos minutos, pero al final gracias a Dios y a mis maestros, pude obtener el triunfo, y gracias a mis padres también”. Los siete alumnos de Pro- Ver retornaron a Córdoba con una medalla, Uziel logró la de plata, un éxito para los estudiantes de la maestra Martha Sahagún. “Fue algo muy difícil, porque a pesar de que somos pocos varones en México, que están estudiando danza, pues a pesar de eso tenían muy buen nivel. Al llegar ahí fue otra experiencia, algo impactante y no quedó de otra más que dar para adelante y con fuerza, y fue bastante duro porque al principio llegas a un escenario y los nervios nunca se van, siempre están ahí y hay que saber cómo sobrepasarlos”. Uziel sonríe con cierta timidez al ver las cámaras y los rostros de personas a quienes nunca ha visto pero con las que debe platicar sobre su experiencia en el escenario. Está a punto de iniciar los ensayos con su profesora, quien sabe (y hace saber a los demás) de la importancia de cada minuto para continuar afinando los detalles. Está en el proceso de convertirse en un artista adulto, su talento lo respalda y su trato refleja gran humildad. Está ansioso por el arranque del 8º Festival Internacional de Danza, “es algo muy bueno, no sólo para nosotros como bailarines, sino para todo el mundo, porque pueden darse cuenta de lo que realmente es el ballet, darse cuenta de que no sólo es bailar, son movimientos donde puedes expresar lo que realmente quieres, lo que significa la danza”. Es hora del ensayo, las breves palabras de la entrevista complementan lo que expresa en clase al bailar. Uziel se crece ante las indicaciones de su maestra, Adria Velázquez. “Cuando salgo doy mi mejor esfuerzo, y al terminar alguna pieza y oír los aplausos da la satisfacción de que realmente estoy haciendo algo bien, que me gusta”.

II PACO MONTES

EL MUNDO DE CÓRDOBA