En tan sólo un año, los estados del norte de México han perdido hasta el 60% de sus colmenas debido al uso de plaguicidas, entre otros factores.

De acuerdo con Octavio Gaspar Ramírez, del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (Ciatej), las colmenas en Chihuahua disminuyeron de 45 mil a 20 mil, y en Coahuila y Durango pasaron de 6 mil a 3 mil.

“Del total, yo estimo que se pierde el 50 por ciento de las abejas a nivel nacional”, advierte el investigador, quien estudia la exposición de estos insectos a pesticidas, mediante el análisis de residuos tóxicos en cera y miel.

Se trata de un fenómeno que se reportó desde hace varios años en otras partes del mundo, indica por su parte José Manuel Vázquez Navarro, investigador de la Facultad de Agricultura y Zootecnia de la Universidad Juárez del Estado de Durango.

Sin embargo, fue hasta este año que se empezó a notar en México. “Lo empezamos a ver a principios de este año (2016), y ya se volvió un fenómeno nacional. Tengo reportes por parte de colegas de Chihuahua, Jalisco, Yucatán. Sé también que en Morelos hay problemas”, asevera.

“Pero el caso más grave lo tenemos nosotros, en la Comarca Lagunera. Hay un reporte de la sociedad de apicultores, de que hay productores que han perdido hasta el 60 por ciento de sus colmenas. En otros lugares está en el 50 y el 30 por ciento”.


Causas de la

desaparición

A decir de Vázquez Navarro, la desaparición de las abejas es multifactorial, pues tiene que ver el cambio climático, la pérdida de hábitats y el uso de pesticidas.

Ante esta situación, el Congreso de la Unión instruyó en julio a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural Pesca y Alimentación (Sagarpa) a elaborar y entregar un informe sobre la situación que guarda la apicultura nacional y las medidas instrumentadas para alentar su producción, así como el tipo y uso de pesticidas usados en la fumigación de plagas para los apiarios.


Daño colateral

La desaparición de estos polinizadores no sólo pone en riesgo la producción de miel, que para México representa hasta 130 millones de dólares en exportaciones, sino otros alimentos.

El 75% de la flora silvestre se poliniza gracias a las abejas y casi el 40% de las frutas y verduras que consume el hombre procede de la polinización. Entre los tóxicos que afectan a las abejas están las familias de los organofosforados y neonicotinoides.

Hay tres pesticidas de la familia neonicotinoides que fueron prohibidos en la Unión Europea por su efecto en las abejas y otros insectos, pero que en México aún se utilizan para combatir, por ejemplo, el pulgón amarillo que ataca al sorgo. De la familia organofosforados, el malatión se aplica de manera aérea en los cultivos de algodón para combatir la misma plaga.

“Este tipo de insecticidas pueden viajar a otras plantas silvestres, y como las abejas viajan por toda la región quedan expuestas”, explica Vázquez Navarro.

Según los investigadores, hay evidencia de que estos plaguicidas tienen efecto sobre el sistema nervioso de las abejas, desoriéntándolas e imposibilitando su regreso a las colmenas.

 

Suman esfuerzos

Apicultores, activistas e investigadores buscan la prohibición de los productos químicos que no sólo representan riesgo para las abejas, sino para la salud de los humanos.

“Estamos usando químicos en productos agrícolas y comestibles que están totalmente prohibidos en otras partes del mundo, pues se ha demostrado que son de alto riesgo para poblaciones humanas”, advierte Vázquez Navarro.

“Senasica (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria) hizo unas revisiones que mandó la Sagarpa en miel y cera y nos dijeron que no habían encontrado residuos de plaguicidas; sin embargo, un grupo de investigadores de Jalisco hizo un trabajo independiente y encontraron una mezcla fuerte de plaguicidas. Es un coctel de muchas sustancias”.

Por su parte, Gaspar Ramírez señala que se han encontrado alrededor de 88 plaguicidas en cera y miel de 165 que pueden rastrear. En Yucatán, por ejemplo, el investigador detectó tóxicos de organofosforado en todas las muestras analizadas de cera y en el 64% de muestras de miel.

Sin embargo, la prohibición de los compuestos químicos es complicada, reconocen los investigadores.

“La Sagarpa establece que el peso económico de otros cultivos es mayor al que da la apicultura, entonces o se protege la apicultura o se protegen otros cultivos que requieren del uso de plaguicidas”, apunta Gaspar Ramírez.

 

Urgen acuerdos

A decir de Vázquez Navarro es urgente que las autoridades de distintos sectores empiecen a discutir el tema para que el problema no escale.

“La situación para nosotros es muy grave. Deberíamos estar todos en el mismo tenor y pareciera que al Gobierno federal no le ha caído el veinte. Están en una posición cómoda de no discutir y de no enfrentar intereses”.


II Agencia Reforma