Con el acto de la imposición de la ceniza, hoy inicia la etapa de reflexión que establece la Iglesia católica para prepararse verdaderamente y vivir los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo en la Semana Santa.

El sacerdote y vocero de la Diócesis de Orizaba, Helkyn Enríquez Báez, manifestó que durante este tiempo, además de reconocer que todos son pecadores -para que no se convierta en un cinismo-, los creyentes le piden a Dios su gracia con el deseo de conversión y cambio.

“Este día se inaugura este periodo de 40 días previo a la fiesta que tenemos los cristianos y siendo esto, tenemos un tiempo de preparación -que es lo que simboliza el color morado- y de penitencia que también este mismo color litúrgico nos lo recuerda, junto con la austeridad”, dijo.

Resaltó que esta virtud humana tiene expresiones que son el ayuno -que se pide el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo- y la abstinencia o como popularmente se le llama los “días de vigila”.

Todos los viernes de cuaresma son días de abstinencia de carne. Esto incluye también hacer una obra de caridad, de misericordia, una limosna o algún acto de piedad y devoción. Esto incluye a todos los que han cumplido 14 años y a los ancianos, nada exime de esta ley.

En el caso del ayuno, puede realizarse por todos los que han cumplido 18 años hasta el comienzo de los 60 años.

“Es una oportunidad para nosotros, es un símbolo que expresa como Iglesia, el deseo de conversión y de cambio, y un tiempo de gracia de parte de Dios para que nos dispongamos a cambiar de vida. Es todo un periodo significativo, no es sólo es ponerse la ceniza, es un compromiso de vivir como cristianos y de pedir la gracia de Dios”, detalló el vocero diocesano.


La ceniza

De acuerdo a la Agencia Católica de Informaciones (ACI Prensa), la palabra ceniza (“cinis” en latín), representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.

La Agencia Católica indica que la tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva romana, unos 300 años después de Cristo.

Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.



Jacqueline Aviléz

El Mundo de Orizaba