La fe corre el riesgo de “doblarse” cuando una persona atraviesa por el dolor de la enfermedad. Los enfermos y sus familias deben anclarse en Cristo y la sociedad debe acompañar a esas familias en ese momento de dolor.

Ayer, durante la eucaristía de la Jornada Mundial de Oración por el Enfermo, celebrada en la catedral de San Miguel se realiza la eucaristía, el sacerdote Heriberto expuso que es importante que al enfermo se le debe de hacer partícipes y no abandonarlos, por el contrario, integrarles y reconciliarles con Jesús.

Acompañar al enfermo en su dolor, es el llamado que hace la Iglesia católica dijo el sacerdote en la homilía. Dijo que es importante orar unos por otros, unidos en la fe y la caridad con nuestros hermanos enfermos, acompañarlos junto con sus familias.

El mensaje publicado por el Papa Francisco con ocasión de esta Jornada 2018, el Pontífice asegura que “la imagen de la Iglesia como un «hospital de campaña», que acoge a todos los heridos por la vida, es una realidad muy concreta, ya que en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población”.

La enfermedad, vivida como una experiencia común en la vida de las familias, donde se demuestra el amor, la solidaridad y el cuidado entre todos sus miembros, y pone en evidencia que la familia es el “hospital más cercano” que siempre está disponible a recibirnos.



Jéssica Ignot

El Mundo de Orizaba