Al menos 15 de cada 100 mujeres indígenas trabajan sin recibir ningún pago.

Ellas están inmersas en un contexto de gran desprotección, tanto salarial como legal y en términos de estabilidad de contratación y condiciones laborales, tienen una posición aún más desventajosa que la del varón.

Lo anterior fue dado a conocer en el estudio “Discriminación y desigualdad salarial en los ámbitos indígena, rural y urbano”, del Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (Ceameg).

El estudio señala que las mujeres ocupadas en el sector agropecuario,84% son trabajadoras sin tierra; de éstas, 87% trabaja sin remuneración.

En México el 46.9% de la población de 15 años, sobre todo si es hablante de lengua indígena es económicamente activa, es decir, desempeña alguna actividad laboral o busca trabajo, cifra que es 7.8 puntos porcentuales menor a la participación económica de los no hablantes de lengua indígena.

De acuerdo a información que publica el Consejo Nacional de Evaluación de la política de Desarrollo Social (Coneval), la población en donde se concentra el mayor número de población en situación de pobreza y pobreza extrema, se encuentra en la población indígena con el 77.6%, en el caso de la población que habita en zonas rurales el 58.2% se encuentran en situación de pobreza, de este universo el 88.1% son mujeres de las cuales el 45% están en situación de pobreza extrema; estas cifras dan cuenta del impacto altamente negativo en su desarrollo, de las disparidades y segregación existente, por lo que no tienen forma de solventar necesidades básicas.

 

El problema indígena

México es un país pluricultural sustentado en sus pueblos indígenas. En nombre de la tradición, en estos pueblos se han llevado a cabo prácticas que violan los derechos humanos.

En estas comunidades, las mujeres son estereotipadas y minimizadas, privilegiándose las actividades y funciones masculinas sobre las femeninas.

En este contexto, la exclusión en el ámbito político es relevante, son pocas las mujeres que llegan a ocuparespacios políticos considerado tradicionalmente del dominio masculino.

La vida de las mujeres indígenas transcurre entre pobreza, discriminación, violencia y marginación, según los índices de desarrollo humano y de género que caracterizan a las comunidades y pueblos indígenas del país, lo cual sitúa a las mujeres indígenas en una situación de vulnerabilidad por la triple discriminación: ser indígena, ser mujer y ser pobre; lo que contribuye a obstaculizar su autonomía.

La falta de vivienda, agua potable y saneamiento agrava la situación de vulnerabilidad, estos factores limitan la productividad de las personas en situación de pobreza reduciendo el poder adquisitivo de los hogares.

Los niveles de pobreza y exclusión en la vida cotidiana y social de las mujeres indígenas, constituyen una forma de violencia estructural que marca su relación con la sociedad.



Jéssica Ignot

El Mundo de Orizaba