Victor Manuel Aguado, aquel ex portero y director técnico sin suerte, puso el dedo en la llaga alguna vez en plena euforia de las fiestas del Carnaval en el Puerto de Veracruz, aduciendo que cuando llegaba esa época el hacia la señal de la cruz, dibujándola en cada puerta de habitación hotelera de sus pupilos porteños, que andaban ya entre la calle de la amargura y la avenida de las penas.

Aguado, para los que tienen una buena memoria, fue de los contados arqueros profesionales en el fútbol mexicano rentado en recibir un gol de portería a portería, recibido por parte y cortesía de Alberto Aguilar cuando este era jugador del Morelia, cayendo de hinojos Aguado defendiendo el arco del León, habiendo colgado los botines y mandado su sudadero a la tintorería por largo tiempo, para tomar luego el camino de entrenador, en donde no le fue muy bien que digamos, teniendo su mayor duración ejerciendo su labor sentado en la banca de los Tiburones Rojos a donde llegó en el invierno del 97, habiendo sido la mano inicial que movió el tapete para que los escualos descendieran a la Segunda División en el torneo Verano del 98.

Mas Aguado siempre señalaba que la razón de los desplomes del equipo jarocho, se suscitaban desde el inicio de las Fiestas de Carnaval, en donde era imposible el vigilar las 24 horas de un día a sus dirigidos, que hipnotizados por los jolgorios y las fiestas, le rendían culto a Juanito Carnaval y su descendencia.

El pasado domingo, Veracruz cayó con todo y tener atrás los estruendos de la banda musical de Juan Carnaval ante el Pachuca, por lo que su hundimiento en la porcentual ya parece definitivo.

Dentro de la recién efectuada fecha seis del actual campeonato, cuando los demás vecinos de mazmorras vencieron, sobre todo redactándose los casos de los equipos de Lobos y Querétaro capaces de ganar a Xolos y Atlas, Veracruz luchando, pero teniendo una linea delantera incapaz inclusive de lanzar piedras a los buitres que los rondan, al carecer del gol, en este torneo solamente ha anotado un par de ellos, sin necesidad de ayuda, apretó más el nudo de su soga.




Tomás Setién Fernández


Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz