La lucha por sobrevivir en la Primera División Profesional por parte de los ahora poderosos de la cabeza a los pies Rayados del Monterrey, fue a través de sus primeros años en el supuesto cielo un caos y martirio, que inclusive el propio a veces destino impío se llevó a un par de jugadores norteños hacia el más allá, e impidiendo a otro el continuar jugando al futbol, detrás de aquel terrible accidente que finalizó por quemar y volver un horno el camión que transportaba al equipo regiomontano a un partido oficial hacia la ciudad de Guadalajara, en donde enfrentaría al conjunto del Oro.

Aquel septiembre, para ser preciso la noche del día 14 de 1945 (víspera de la fiesta de la Independencia), selló la primera tragedia en la que se vio envuelto un equipo profesional de futbol en México, cuando afuera de una gasolinera en la ciudad de San Juan de los Lagos, Jalisco el autobús norteño comenzó a arder hasta convertirse en cenizas, muriendo después del accidente, a los dos meses, aquel gran jugador costarricense Enrique Lizano, para que luego lo acompañara en el viaje sin retorno Leonardo Cuadros Vidal, y a la vez quedara imposibilitado para seguir dentro de la profesión de futbolista profesional por las heridas y quemaduras causadas por el accidente.

El equipo del Monterrey ayudado por el aporte de los demás equipos que conformaban el circuito mayor del balompié azteca rentado, (dos jugadores por escuadrón le fueron prestados), continuó jugando, más el martirio de derrotas a tutiplén y goleadas terribles en su contra, como aquella que todavía sigue siendo la mayor en la historia del futbol mexicano rentado de todos los tiempos, la de 14 tantos a 0 servida por el equipo de los Tiburones Rojos del Veracruz, lo conminaron a abandonar el futbol profesional, retirándose el equipo rayado por un tiempo que para su fiel afición pareció ser una eternidad.

Monterrey hoy vive una diferente historia a la relatada, yendo en pos de su quinto título de Liga, siendo favorito en una final con sabor a machaca por todos lados, llevando enfrente a un duro y digno adversario, su propio muy odiado (deportivamente) rival, Tigres.



Tomás Setién Fernández


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