Definitivo no existe el Olimpo, y ni siquiera una puerta entre abierta en el sitio de los dioses para Lionel Messi enfundado en una casaca de la selección de Argentina, dentro de la actividad de los torneos más importantes del mundo de los pecadores, y escasos virtuosos, del deporte principesco, el propio fútbol.

La derrota en la senda de los once pasos, ahora también mortales para el mejor jugador del planeta, claro está, menos cuando se pone el escudo de su patria cerca del corazón, de Argentina ante Chile, obliga a pensar a chaleco que la gloria está eminentemente prohibida para Lionel, tal y como no se le deja ver a un chamaco una película de desnudos femeninos, colocándose inclusive el traje de villano reventón al errar un penal en la tanda decisiva, uniéndose en el club más negro que la noche a compañeros de mal fario como Lucas Biglia, Gonzalo Higuain y Sergio Agüero, estos dos últimos fallando claras opciones de gol.

Y pensar que Argentina, que hace ya bastante tiempo no gana nada, pese a tener jugadores maravillosos (solo en sus equipos millonarios y archimillonarios), cuando en más de una ocasión perdonó o simplemente quedó maravillado ante los lances del gran héroe chileno, Claudio Bravo, compañero de equipo, nada menos que el Barcelona, del desgraciado por muchos conceptos Messi, considerado ya el espléndido volador chileno como el mejor de todos los tiempos en su querida patria.

Calando hondamente las palabras vertidas por un increiblemente derrotado Messi al término del partido que significó para Chile un bicampeonato histórico de todos los relatos de la Copa América, cuando mal secándose las lágrimas dijo, -esto se acabó, la selección no es para mí-, y dicho eso cavó muy hondo ¿para siempre? su camiseta de seleccionado.

Corroborrando lo expresado por Lionel que de plano, francamente, la felicidad no existe del todo en el mundo, o siquiera en el que habitamos.

Y el pálido consuelo para la selección mexicana, un bicampeón capaz de vencer a la selección argentina por dos años seguidos, le dio la cueriza de su vida, tratando de ubicar a todos los responsables del apodado tri, de la realidad que vive nuestro balompié, dominado por lelos directivos, jugadores sin alma y promotores sedicientes.

¡Viva Chile!

El rey sigue muerto (Lionel Messi).


Por: Tomás Setién Fernández