No todos los días, tardes o noches un equipo tinto en sangre pero conservando muy en alto sus cualidades de valentía, entrega y pundonor se levanta de la lona tras un tres por cero adverso, para dinamitar trenes de latas conducidos por técnicos de pacotilla, que solo se han sabido sostener por el ritmo desaforado de sus lenguas muy símiles a los de los merolicos inventores del Fósforo Mi Tacal y sus derivados.

Ovación y aplauso sin reserva para el equipo del América, capaz de recalentar su pastel que será presentado en el mes de octubre a raíz de sus cien años de fundación, y a la vez rechifla monumental, de esas que taladran oídos y almas, para el escuadrón del Cruz Azul, y sobre todo a su entrenador el siempre fatuo, engreído y perdedor por antonomasia Tomás Boy.

Debiéndose considerar como directores técnicos del montón a aquellos que no saben realizar la táctica justa, precisa y necesaria llevando una ventaja de tres goles, solo mostrando el derramamiento del agua por entre los dedos, así como los aspectos de la gloria de vencer a uno de sus adversarios mas odiados, deportivamente hablando.

Eso sí, partido estrujante, por mucho el mejor no solo del torneo actual tocando a la máxima división del balompié rentado azteca, sino de mucho tiempo atrás, dentro de vaivenes de marcadores, que de manera necesaria pusieron los pelos de punta y el alma en la garganta a los miles de aficionados que llenaron el legendario ex estadio de la Ciudad de los Deportes, conocido desde hace tiempo como la estación del tren fantasma.

Muchos héroes americanistas con la espada desenvainada cortando aire y aspiraciones azules, por fin apareciendo a lo grande el artillero argentino Silvio Romero anotando dos tantos de oro, sobre todo el último llegado en el minuto 92, cuando la carga de dinamita de las Águilas lanzada con precisión absoluta sobre el cráneo de Boy, hizo que el ferrocarril de papel explotase en su propio reducto, sirviendo a la vez mucho la reaparición de Oribe Peralta, viejo exterminador de trenes, impulsando a sus compañeros con su tanto a la realización de una verdadera hazaña.

Demasiados villanos en el Cruz Azul, con su propio entrenador como abanderado estúpido, seguido de un arquero inflado desde hace mucho tiempo, saludos Coronita y una zaga de a mentirillas, ya perdidos desde hace mucho tiempo arqueros como Miguel Marín y defensores como el Kalimán Guzmán y Alberto Quintano, los de hoy son viles caricaturas.


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Tomás Setíen Fernández

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