Portugal vive al ritmo de Cristiano Ronaldo, de sus estados de ánimo y de sus golpes de genio. Su ansiedad llevó al equipo al borde del precipicio, de donde su maestría acudió a rescatarle. Todo pasa por la figura del "7" en el grupo portugués.

Su falta de puntería contra Islandia y Austria -diez remates a portería en cada partido, un penalti estrellado contra el poste contra los segundos- dejó a Portugal en una posición difícil, obligado a no perder frente a Hungría para seguir en la Eurocopa.

La rojiverde era un manojo de nervios en el estadio del Lyon, un equipo atenazado en manos de una Hungría sin complejos, que con el billete de los octavos ya en el bolsillo jugaba con los lusos como un gato con su ovillo. Pero al final, de la mano de Cristiano Ronaldo, los lusos lograron empatar.

La paridad les clasificó como terceros y les empareja contra Croacia, la sorpresa de la competición. Portugal respira de alivio pero no se ha sacudido la tensión. Ronaldo no quiso responder a los periodistas tras el encuentro -no lo ha hecho desde que llegó a Francia- y su gesto serio, casi cabreado, muestra que no está satisfecho.

Por otro lado, Croacia tratará de hacer valer su paso ganador. Se colgaron la etiqueta de favoritos para convertirse en la revelación de la competencia, aunque eso se verá frente a Portugal.

Agencias